El voluntariado en las catástrofes

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El 5 de diciembre es el día internacional de los voluntarios (declarado por la ONU) y tras las trágicas inundaciones del levante español con un balance provisional de 222 personas fallecidas aprovecho a ofrecer una reflexión sobre el voluntariado de emergencias.

Autor: Javier Larrea. Presidente del Observatorio de Prevención de Riesgos y Accidentes
Publicación: Web OPRA www.opra.info • 4 de diciembre de 2024

Los trágicos acontecimientos vividos como consecuencia de las lluvias torrenciales que han sacudido zonas pobladas de varios municipios dejando imágenes desoladoras y de absoluta destrucción, produjeron, como suele ser habitual, la aparición de un gran movimiento solidario por parte de la población cercana y también de las comunidades más alejadas, que querían ofrecerse para prestar la ayuda que fuese necesaria.

Este fenómeno no resulta extraño, es algo frecuente en las catástrofes, basta recordar el movimiento espontáneo que surgió por toda la geografía española cuando las irresponsables autoridades españolas impidieron el refugio del buque petrolero Prestige y lo enviaron a que se hundiera mar adentro produciendo una de las peores mareas negras de la historia de la navegación. Miles y miles de voluntarios llegaron de toda España en autocares y vehículos particulares a limpiar las costas gallegas.

Y una vez más, en esta ocasión, esa misma solidaridad espontánea hizo su aparición llegando miles de personas de todas partes que querían ofrecer su esfuerzo y su tiempo para ayudar, y como siempre ocurre, las autoridades se vieron desbordadas. En Valencia, el gobierno en medio del caos se vio tan desconcertado que llegó a pedir a los voluntarios que no fuesen, instrucción que como era de esperar, en buena lógica, no fue atendida por la población.

El problema de los voluntarios

De los varios tipos de voluntarios que colaboran en las catástrofes no me refiero a los profesionales que vienen (“voluntariamente”) de otras zonas geográficas en apoyo, ni tampoco a los miembros de organizaciones de voluntariado permanente, como pueden ser los de Cruz Roja o de agrupaciones o asociaciones de protección civil, me voy a referir a los que surgen espontáneamente de la población civil, sin organización previa ni dependencia orgánica de nadie: los voluntarios voluntariosos.

De estos voluntarios se conoce su altruismo, pero se ignora todo lo demás, no se sabe nada de su formación, ni de sus capacidades y habilidades y no tienen herramientas, ni los más elementales equipos de protección. Por tanto, son difíciles de organizar y emplear convenientemente, especialmente en las primeras horas.

Además, hay que protegerles adecuadamente con los equipos de protección personal necesarios: una de las máximas que hay que tener presente en las emergencias es que quien interviene no tiene que pasar a formar parte de la emergencia.

Si no se han previsto los sistemas de acogida del voluntariado, su encuadramiento en unidades, su equipamiento, la encomienda de tareas en función de sus aptitudes, la logística para su traslado a los destinos asignados y el abastecimiento de las necesidades básicas como agua, alimentos y espacios para las necesidades fisiológicas, el caos está garantizado.

¿Quién ha de organizar al voluntariado?

Como bien dice Pedro Anitua, cuando llega la emergencia no es el momento de pensar qué hacer, sino que debemos ponernos a hacer lo que ya habíamos pensado.

Este es el quid de la cuestión. Los gobiernos, del Estado, de las CCAA, de las Diputaciones y de los Ayuntamientos han debido de planificar todas las situaciones de riesgo catastrófico en sus planes territoriales, y en sus planes especiales de protección civil, y deberían saber que cuando llegue la tragedia van a necesitar miles de personas que aporten la mano de obra imprescindible para superar la calamidad pública que puede aparecer de forma inesperada.

De toda la planificación de emergencias este es quizás el punto más olvidado. Me atrevo a afirmar que en general en todo el territorio del Estado español tenemos una protección civil en mantillas para desastres, que se ha dedicado principalmente a las tareas de planificación sobre el papel más que a las tareas de respuesta tras una catástrofe y que ha dejado en el olvido este hecho indispensable del voluntariado post emergencia y que volverá a hacer su aparición en la siguiente gran emergencia.

Un fallo frecuente suele ser que, en las administraciones, el área o departamento de protección civil se dedica a realizar funciones que corresponden a la emergencia ordinaria y que podrían hacer otros servicios públicos. Esto es debido a que como sabemos las catástrofes no pasan casi nunca y por tanto si los servicios públicos de protección civil se dedican a esas situaciones “que no van a ocurrir” se convierten en irrelevantes a los ojos de los demás. El caso es que esta parcela de gestionar la ayuda recibida se ha quedado huéfana.

¿Se puede hacer mejor?

La respuesta es que, si no se ha pensado en ello, no se puede hacer peor. Como sabemos quiénes nos hemos movido en la gestión de emergencias “El peor Plan es no tener ningún Plan”. Y dicen quienes se dedican a la defensa que “para la guerra hay que prepararse en tiempos de paz”. Aplicando estas sabias sentencias tan solo cabe pensar un poco en cómo hay que prepararse.

Hay que tener en cuenta que los servicios de emergencia profesionales públicos están dimensionados para las situaciones cotidianas de emergencia ordinaria por lo que no son un recurso que podrá atender todas las necesidades de la emergencia extraordinaria sobrevenida en las situaciones calamitosas.

Alguno de los políticos al mando debería saber algo de gestión de emergencias

Lo primero a tener en cuenta al máximo nivel político es tener en alguno de los tres niveles de dirección de emergencias en las CCAA, consejero, viceconsejero o director general de protección civil, alguno que sepa algo de gestión de emergencias, que no pase como en Valencia que la consejera responsable no sabía que había un sistema de alertas para población.

Lo segundo es ponerse a planificar el voluntariado que necesitaremos. Alemania tiene un millón de bomberos voluntarios, Francia unos 180.00, Portugal, 30.000, España (a la cola de Europa) no llega a 5.000 (la mayor parte en Cataluña). Incluso en alguna comunidad autónoma los bomberos voluntarios están fuera de regulación, casi prohibidos, aunque nadie le puede prohibir a un ayuntamiento tener su propia organización de protección civil; esperemos que tras lo visto en Valencia se animen a corregir tamaño disparate. Cualquier político que lea esto debería darse cuenta de la debilidad que supone esta situación y la vulnerabilidad añadida que se cierne sobre la población por no tener un contingente de voluntariado, organizado, especializado, jerarquizado, encuadrado y formado con anticipación.

Es este voluntariado permanente, de los grupos de bomberos voluntarios y de protección civil, quien va a constituir la fuerza de choque sobre la que recaiga en la organización de los voluntarios voluntariosos, serán quienes les asignen tareas, les dirijan y les den instrucciones y supervisen los trabajos encomendados y su seguridad.

Mensaje para alcaldes

Los ayuntamientos de más de 20.000 habitantes tienen obligación de tener un servicio de protección civil y de bomberos y los alcaldes son los responsables de la protección civil municipal. Esperemos que hayan visto lo que ha pasado en Valencia y pongan sus barbas a remojar y se den cuenta Los miembros de protección civil deben servir para algo más que para sacarlos con sus uniformes en los conciertos y en las procesiones y fiestas patronales. Es necesario que todos los ayuntamientos tengan su propio voluntariado de emergencia entrenado para actuar en las situaciones catastróficas. Hay que empezar cuanto antes.

La post emergencia y la rehabilitación es una tarea de extraordinaria complejidad y todo será más sencillo y manejable cuanto más personal entrenado tengamos.

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¿Quién manda en una gran emergencia? [02/12/2024]

Cuatro claves para entenderlo

No me olvido de las terribles consecuencias de las inundaciones de la Comunidad Valenciana, Castilla-La Mancha o Andalucía y las muchas personas afectadas, pero no voy a hablar de ello, aunque lo parezca. Intentaré aislar el artículo de este ambiente tan polarizado en el que cualquier cosa que digas que no satisfaga el mensaje mediático correspondiente, te sitúa inmediatamente en el otro lado de la raya. Voy a intentar simplemente explicar, para quienes no son habituales del tema, cómo funciona el mando en las grandes emergencias mediante cuatro sencillas claves.

1.- Mando Único

En emergencias solo manda o dirige UNA persona. No caben las asambleas ni que las decisiones se tomen por votación. Es una única persona la que asume la toma final de las decisiones, si bien siempre cuenta con el correspondiente Consejo Asesor.

Mando Único: Autoridad que asume la dirección de la organización y/u operaciones ante situaciones de riesgo, emergencia, catástrofe o calamidad pública. Dirige la ejecución del plan de protección civil activado con el asesoramiento del personal técnico competente.

Esta figura, no solo aparece reiteradamente en la legislación de protección civil con esta denominación, sino que es algo consustancial a la propia dinámica de las intervenciones a fin de mantener la coordinación entre los distintos servicios intervinientes, desde el principio y de forma permanente.

En resumen: Todo Plan de Emergencia debe tener un/a Director/a del Plan, toda Actividad Operativa debe tener un Director/a de Operaciones, todo Sector de trabajo debe tener un Responsable de Sector.

2.- El mando lo ostenta la persona a quien le corresponde mandar

Todos los Planes de Emergencia tienen claramente definida la figura, normalmente una Autoridad, de la persona titular a la que le corresponde dirigir la emergencia. Es un requisito básico de la normativa de Protección Civil. No hay otra posibilidad.

Manda o dirige la persona a quien en el correspondiente Plan de Emergencia pone que le toca mandar.

¿Y quién es esa persona? ¿Qué pone en la legislación? ¿Qué pone en esos Planes?

Esto puede ser más lío ya que depende de las Comunidades Autónomas y su forma de gestión de las emergencias (Departamento o Agencia), pero podemos simplificar el patrón de jerarquías, recordando que hay algunos pequeños matices que obligan a mirar en cada caso el plan concreto.

Es esta:

  • Emergencias de Interés Nacional y Planes Estatales: Ministro/a del Interior.
  • Emergencias con activación del Plan Territorial de la Comunidad Autónoma: persona titular del departamento competente en materia de protección civil y emergencias de la CCAA. Si bien en este apartado algunas legislaciones de Comunidad Autónoma prevén la posibilidad de que se escale en la dirección a la Presidencia ante la gravedad de la situación mediante la avocación, declaración de emergencia integral, emergencia de interés general u otras denominaciones similares.
  • Planes Municipales: alcalde o alcaldesa y, en grandes ciudades y localidades, por delegación, el/la concejal/a del área que englobe la protección civil.

En todo caso habrá que ver qué tipo de Plan hay que activar y en qué Situación Operativa se hace (SO1, SO2 o SO3).

– P: ¿Vaya lío no?

– R: Para nada. Si cogemos un Plan Especial para un riesgo específico como incendios forestales, inundaciones, riesgo radiológico, riesgo sísmico u otros de una CCAA concreta, ahí viene claramente quien es el titular de la gestión de la emergencia.

– P: ¿Y si no hay un Plan Especial para un riesgo concreto?

– R: Pues se aplica el correspondiente Plan Territorial y ahí también viene a quien le toca.

– P: ¿Y si se pide activar un Plan Estatal o la declaración de la Emergencia de Interés Nacional…?

– R: No hay “ysis”. Es cierto que la CCAA puede pedir esa declaración, está en la ley, pero si no lo pide, no lo pide. Y si alguien, con capacidad para activar un Plan Estatal o la Emergencia Nacional, ministro del Interior, lo hace, pues ya está y si no lo hace, no lo hace. Sólo funciona lo que está activado y manda la persona a la que le toca en ese plan activado.

– P: Otra cosa. ¿Cada uno hace el plan como quiere o hay unas normas? Ponme el ejemplo de un plan de una CCAA.

– R: Te cuento, aunque como el tema es un poco espeso, lo simplifico. En primer lugar hay una Norma Básica (RD 524/2023) que indica los tipos de planes, hay unas Directrices Básicas para cada Plan Especial publicadas en el BOE, y en ellas viene claramente la estructura y contenido, así como la forma de aprobación de dichos planes. En el caso de los planes autonómicos son aprobados por el órgano competente de la respectiva Comunidad Autónoma o Ciudad dotada de Estatuto de Autonomía, de conformidad con lo previsto en su legislación específica, previo informe del Consejo Nacional de Protección Civil. Esto es, existe una comprobación por parte del Estado de que el Plan se ajusta y se integra en el Sistema Nacional de Protección Civil. Y por cierto, esos planes luego se publican en el Boletín Oficial correspondiente. No hay secretos, cualquier persona puede consultarlos.

En resumen: En los planes viene la persona a quien le toca dirigir y los Servicios participantes que integran el Sistema deben saber siempre y en todo momento quién es el Mando Único del Plan activado.

3.- Manda el que está

– P: ¿Eso qué es?

– R: Pues fácil. Si la persona titular, que pone en el Plan, no está, ostenta el mando la siguiente persona en el correspondiente orden jerárquico.

– P: ¿Y si no hay nadie de la lista que esté? (¡otra de “ysis”!)

– R: En esos casos será la persona presente que, por su especial preparación, en relación a las características del suceso y sus posibilidades de realizar la mejor dirección posible, sea la idónea para ejercer el mando único.

– P: A ver si me aclaro. ¿Siempre tiene que haber un mando único presente?

– R: Sí, siempre. Es quien decide lo que hay que hacer en cada momento en función de lo que pasa o puede pasar en un futuro inmediato. Se llama tener “Conciencia Situacional”.

Conciencia Situacional: La “conciencia situacional” es el resultado de la comprensión de lo que ha ocurrido, lo que está sucediendo y lo que podría llegar a suceder.

– P: ¿Y en el CECOPI (Centro de Coordinación Operativa Integrado) tiene que haber un mando permanentemente presente?

– R: Sí, siempre, si bien la persona titular del plan y los participantes en el Consejo Asesor no tienen que estar permanentemente allí. Se reúnen, se analiza la situación, se dan las correspondientes instrucciones y cada Institución o Servicio procede a su ejecución, quedando para la siguiente reunión que puede ser programada o de urgencia.

– P: ¿Y si hay modificaciones graves del escenario que precisan la toma de rápidas decisiones después de una reunión formal de todas las personas que integran el Consejo Asesor y estas ya se han ido?

– R: ¡Buena pregunta! Te contesto este “ysi” en el punto siguiente, pero te reitero que el Mando Único no se va nunca, es el que “está”. Se puede ir el/la titular, pero se queda un/a suplente, si se me permite ese término deportivo.

4.- El/la que está toma decisiones

El Mando Único presente debe realizar un permanente seguimiento de la situación y ajustar las decisiones o cambiarlas si es una urgencia, o debe volver a convocar otra reunión del Consejo Asesor si se precisara.

El Mando Único manda, decide, coordina, informa, gestiona, pide, lidera. 

No hay peor decisión que no tomar ninguna decisión.

Poco hay que añadir en este apartado. Quien está presente no es un informador/a del Mando Único, es el Mando Único por delegación. No existe la posibilidad de que no se tome una medida porque alguien no está. Ya lo he puesto antes, manda el que está, aunque no quiera mandar. Le toca. Las emergencias son así, cuando no hay tiempo para consultas, no hay tiempo para consultas.

Conclusión final: En toda gran emergencia hay un Mando Único que recae en la persona que viene en el Plan, que está presente donde tiene que estar y que toma decisiones.

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Qué hacer cuando un menor se ha perdido [25/11/2024]

Próximas las fechas navideñas empezamos a frecuentar algunos espacios con aglomeraciones de público como mercados navideños al aire libre, centros comerciales, parques infantiles de navidad… donde nos pueden venir bien algunas pautas para esa situación crítica en que se ha perdido un menor.

Recomendaciones para la o el menor si se siente perdido

Esto hay que enseñárselo en casa para que lo aprenda bien:

  • Mirar a su alrededor, si no encuentra a sus padres decirle a algún adulto que se ha perdido, preferiblemente a un adulto que vaya acompañado de menores.
  • Si es capaz de reconocerlos, comunicarlo preferiblemente a alguien con uniforme (policía, personal de seguridad, personal de socorro, etcétera), o al personal que trabaja en el lugar (dependientes, azafatas, personal de limpieza, etcétera).
  • No dejar que lo lleven a ningún lugar hasta que llegue alguno de sus padres.
  • Solo dejar que lo lleven a otro lugar si le han dicho la palabra o frase secreta y no sospecha nada de esa persona (la palabra secreta no otorga confianza, solo saber que lo quiere llevar hasta sus padres). Jamás dejar que le lleven a un lugar apartado o fuera de la vista de la gente.
  • Si intentan agarrarlo que sepa pelear, gritar, patalear y pedir auxilio.
  • Cuando está solo, que no se fíe de nadie.
  • Confiar en sus padres o en aquellos que sus padres se lo hayan dicho específicamente, en nadie más.
  • Solo decir a personas con uniforme el teléfono y la dirección de su casa.

Recomendaciones para quien se encuentra una persona menor

Si una persona se encuentra un menor que no conoce:

  • Nunca tratar de agarrar o sujetar al menor, solo permanecer a su lado.
  • Hablar con tranquilidad, tratar de calmarlo si está asustado.
  • Explicar con palabras sencillas todo lo que se vaya hacer; no intimidar al menor con gestos bruscos ni gritos.
  • Preguntar cómo son sus padres y sus nombres; si se sospecha que la persona que viene a buscar al menor no es alguien de confianza del menor (por ejemplo: le tiene temor o la mira recelosa) no dejar que se lo lleve hasta que llegue un agente de la autoridad.
  • Nunca llevarlo a otro lugar, esperar en el lugar hasta que aparezcan sus padres.
  • Si el menor pide ir a un lugar de encuentro por haberlo acordado con sus padres, llevarlo con calma y sin presionarlo; siempre por donde haya gente.
  • Nunca dejarlo solo, si tiene temor de alguien comunicarlo a sus padres o la autoridad cuando se encuentre con ellos.
  • Comunicar inmediatamente que se ha encontrado a un menor perdido al personal del lugar: dependientes, azafatas, personal de limpieza, vigilancia, servicios de socorro, etcétera, y/o a la autoridad (policía o 1-1-2).
  • Únicamente dejarlo cuando un policía o alguno de sus padres se haga cargo del menor.
  • Si el menor tiene aspecto desatendido, como ropas rotas, muy sucias o heridas; solo avisar de la situación a la policía o al 1-1-2.

Recuerda: los menores no se pierden, son los adultos quienes pierden a los menores

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Día Europeo del Detector de Humo

El 22 de noviembre se celebra el Día Europeo del detector de humo (o alarma de humo), el pequeño aparato que nos salvará la vida si se produce un incendio en nuestra casa por la noche cuando estamos durmiendo. Un buen día para comprar e instalar un detector autónomo de incendio en nuestra casa, si todavía no lo tenemos, así como en las de nuestros familiares y amigos. También sería el regalo perfecto para nuestros allegados en las próximas navidades. ¡Regala detectores de humo y no te olvides de ayudarles a instalarlos! Son baratos y muy sencillos de instalar. Más información sobre lo que son los detectores en: https://opra.info/detector/

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Preguntas sin respuestas sobre seguridad en residencias de mayores [21/11/2024]

A raíz del incendio con diez muertos en una residencia de mayores en Zaragoza, decidí revisar los medios por si había información más reciente sobre otros incendios similares anteriores y me encontré algo sorprendente que se me había escapado sobre el incendio en febrero en una residencia en Madrid con tres víctimas mortales. Autor: Fernando Bermejo Martín. Inspector-jefe (jubilado) del Servicio de Bomberos de Badajoz / Expresidente de la Asociación de Profesionales de Ingeniería de Incendios Publicación: Web OPRA www.opra.info • 20 de noviembre de 2024 La policía científica certificó que dos puertas de emergencia se encontraban bloqueadas. No había alumbrado de emergencia, obligatorio normativamente en todo tipo de establecimientos. Los pulsadores de alarma no funcionaban. El equipo de manguera instalado no tenía presión, estaba inoperativo. Pese a ello, había superado una inspección de la Comunidad de Madrid seis meses antes. ¿Cómo se puede superar una inspección con semejantes irregularidades? ¿Acaso en las inspecciones no se comprueban medidas esenciales para garantizar la seguridad de los residentes? Una vergüenza. La Policía Municipal de Madrid emitió un informe sobre su actuación en el incendio en la residencia Juan XXIII en el que murieron tres mujeres. Conviene analizarlo. Estos policías describieron su actuación en estos términos: llegaron a la residencia y al ver la situación vuelven a su vehículo para equiparse con un desfibrilador. Después acceden a la planta del incendio agachados para evitar el humo y se encuentran con dos extintores vacíos en el suelo, supuestamente usados sin éxito por el personal de la residencia. Intentan usar el equipo de manguera instalado en la planta (que no había sido usado por el personal) y se encuentran que no funciona. Vuelven a su coche y regresan con dos extintores con los que sofocan el fuego. El personal del establecimiento no consiguió apagar el fuego en su origen (cuando debería ser incipiente) y lo hicieron los policías mucho después con mucho más humo y calor. Conclusión: el personal del establecimiento no tenía las habilidades suficientes para extinguir el fuego en su fase inicial, y ni siquiera se acordaron de que tenían bocas de incendio equipadas con mangueras (supongo que no las usaron por olvido, no porque supieran de su inutilidad). ¿Los responsables de la residencia no se habían enterado de otros incendios previos en establecimientos similares con resultado de muerte? ¿No se cuestionaron que podría pasar algo igual en su centro? ¿No se preocuparon de las medidas de seguridad que podrían haber salvado vidas? ¿Los empleados del establecimiento no se habían enterado de los incendios habidos en otras residencias o sí se enteraron, pero no se cuestionaron cómo actuar si ocurría algo así en su lugar de trabajo? ¿Qué formación tenían los técnicos que acreditaron que el centro no tenía problemas? ¿A nadie le importa lo que pueda ocurrir? ¿Los responsables de la residencia de Zaragoza en la que hubo un incendio hace unos días no sabían de estos y otros casos de incendios con resultado de muertes en establecimientos similares? ¿Tampoco lo sabían las administraciones responsables de velar porque la seguridad de estos centros tenga un mínimo de calidad?
¿Nadie sabe que UNA PUERTA CERRADA SALVA VIDAS EN UN INCENDIO?
Preguntas y preguntas que seguirán sin respuestas cuando en unos meses nos volvamos a encontrar con una desgracia igual a las citadas anteriormente.
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¿Cuántos muertos se necesitan para cambiar las normas? [18/11/2024]

En febrero de 2022, con motivo de un incendio en la residencia de mayores de Moncada (Valencia) que causó nueve fallecidos, escribí un artículo que titulé “Una tragedia que se repetirá”. No me equivoqué: Julio de 2022 Celada del Camino (Burgos), 3 muertos. Siero (Asturias), 2023, 1 muerto. En 2024, Madrid, febrero, 3 muertos, julio, Villarrubia de los Ojos, 1 muerto. El 15 de noviembre diez fallecidos en Villafranca de Ebro (Zaragoza). No me sorprende, solo me indigna. No tardaremos demasiado en ver otra noticia similar.

Autor: Fernando Bermejo Martín. Inspector-jefe (jubilado) del Servicio de Bomberos de Badajoz / Expresidente de la Asociación de Profesionales de Ingeniería de Incendios
Publicación: Web OPRA www.opra.info • 18 de noviembre de 2024

Las imágenes de una cámara de televisión que acompañaba al equipo de criminalística de la Guardia Civil dan información de lo simple que habría sido cambiar las cosas: La puerta de la única habitación afectada por el fuego está totalmente quemada por la parte exterior, lo que indica que la puerta estaba abierta, pero no está destruida. Si esta puerta hubiera estado cerrada el daño solo se hubiera producido por dentro y poco humo habría salido al exterior. Las paredes del pasillo y las otras puertas de otras habitaciones no tienen daños por fuego, solo marcas de humo: si estas puertas hubieran estado cerradas el humo no hubiera penetrado en ellas y la cifra de víctimas sería otra. ¿Tan simple como eso?, se preguntará el lector profano. Pues sí, tan simple como eso.

Podría hacer otra conjetura, porque es un hecho repetitivo en otros incendios similares. Resultó afectado por el humo un guardia civil que llegó al rescate, pero no lo fue ninguno de los dos trabajadores de guardia (para 70 residentes, muchos de ellos encamados). Los trabajadores, pues, se concentraron en intentar evacuar a internos de zonas no afectadas porque seguramente una cortina de humo denso les disuadió. Pero no hay marcas de humo en las paredes a un metro del suelo: el suelo era un espacio de supervivencia, aunque no lo fueran las camas. No culpo a los trabajadores: no tenían la formación necesaria.

El oxígeno medicinal que empapa una ropa de cama puede hacer que esta arda rapidísimamente. ¿Cuántos empleados lo saben? Pero la formación y el entrenamiento no es suficiente porque, ¿cuántos internos encamados, impedidos, o demenciados pueden evacuar dos trabajadores en caso de incendio si hay que evacuarlos con sus camas?

El día que se obligue a que estas instalaciones estén protegidas con un sistema automático de extinción, sus residentes, sus familiares y los trabajadores podrán estar tranquilos. Hasta tanto preparémonos para ir incrementando la lista de víctimas. Y roguemos que no nos toque a nosotros o a nuestros familiares.

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Diez personas muertas en el incendio de la residencia de Zaragoza [18/11/2024]

Este incendio, que ha causado 10 víctimas mortales, en Villafranca de Ebro en Zaragoza, pone de nuevo en evidencia que las estructuras de seguridad contra incendios en las residencias en España no son eficaces.

¿Se cumplía la legislación de incendios?

Otra vez se formulará la sociedad, las preguntas de rigor, ¿cumplía la legislación vigente sobre protección contra incendios, tenía licencia, etc.?

Desgraciadamente, el tema de la seguridad contra incendios no se encuentra entre los riesgos que más preocupan a la sociedad española y así nos va. Lo del “cumplimiento” de la legislación sobre PCI, se entiende casi como un acto de fe religiosa. Si cumple vamos bien, si no cumple, lógicamente hemos sido castigados. ¿Y si cumple, y a pesar de ello, han muerto diez personas?

La endémica falta de preocupación por el riesgo de incendio en nuestro país hace que se nos olvide que todos los lugares de trabajo están sometidos a la Ley de Prevención de Riesgos Laborales (Ley 31/95). Y que esta ley obliga al empresario a garantizar la protección eficaz, en los lugares de trabajo, contra todos los riesgos que puedan afectar a los trabajadores, incluido obviamente el de los incendios, mediante la actuación permanente de:

  1. Identificación y eliminación de todas las situaciones de peligro de incendio que sean eliminables.
  2. Evaluación y reducción a niveles aceptables (de protección eficaz) de las situaciones de peligro de incendio no eliminables, mediante la provisión de cuantas medidas de protección sean necesarias.
  3. Información, formación y entrenamiento para la actuación en caso de emergencia, evacuación, etc.
  4. Revisión permanente y periódica del proceso.

Cuando se produce un incendio, y mueren diez personas, es evidente que la protección contra incendios no ha sido eficaz.

 

Una protección contra incendios eficaz

¿Qué se debe entender por disponer de una protección eficaz contra incendios, en un lugar de trabajo, tal como una residencia de mayores, un hospital, hotel, edificio de oficinas, iglesia, etc., etc.? Pues de forma breve y sintética:

  • Que la probabilidad de que se inicie un incendio sea muy baja.
  • Que, si se produjese un incendio, este fuese detectado y controlado rápidamente.
  • Que en el caso de que no pudiese ser controlado, los ocupantes pudieran trasladarse (o ser trasladados) de forma fácil y sencilla a un lugar seguro o fuera del edificio.

Evidentemente, este no ha sido el caso que nos ocupa de la residencia de mayores de Zaragoza, ni lo será en el próximo incendio con víctimas que se produzca.

El 1 de octubre del pasado año, murieron 13 personas por un incendio ocurrido en una discoteca en Murcia. El Boletín Oficial de la Región de Murcia ha publicado, el pasado 6 de noviembre, la sanción de 100.000 € impuesta por la Inspección de Trabajo y Seguridad Social al local Teatre por no cumplir con el plan de evacuación para este tipo de sucesos, entre otras medidas. Las salidas de emergencia estaban cerradas.

Parece que algo se mueve en el terreno de la LPRL y las condiciones de seguridad contra incendios presentes en los lugares de trabajo.

Sería muy de agradecer que nuestra sociedad siga el camino, tenga claro estos conceptos y obre en consecuencia. Tenemos la ley, el concepto, los medios y la necesidad.

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¡Basta ya! 10 muertes más en una residencia de Zaragoza

Hoy, 15 de noviembre de 2024 han muerto otras 10 personas en una residencia de Zaragoza. Como las residencias de mayores son los edificios públicos en que más muertes por incendio se producen (30 muertes desde 2022) desde OPRA hemos lanzado varias propuestas para mejorar la protección contra incendios -PCI- en residencias ¿A cuántas muertes más hay que esperar? Autor: Javier Larrea. Presidente del Observatorio de Prevención de Riesgos y Accidentes Publicación: Web OPRA www.opra.info • 15 de noviembre de 2024 En este artículo recojo las principales propuestas que ya habíamos hecho con anterioridad. Es un hecho que la legislación actual de PCI y medidas adoptadas hasta ahora no funcionan así que hay que es urgente adaptarlas. Medidas de legislación y normativa de PCI
  • El objetivo de la legislación debe partir del principio de que la seguridad contra incendios ha de ser la protección de los ocupantes y usuarios, no de los edificios. En vez de edificios o locales, o espacios de riesgo especial, hay que hablar de personas, y de ocupantes vulnerables.
  • Una nueva normativa tiene que considerar la detección de incendios obligatoria en todos los locales de las residencias, o de personas que tienen limitada su movilidad o capacidades. Y hay que dar el paso de exigir extinción automática en todos los espacios sin excepción: una habitación de una residencia tiene que ser un santuario de la seguridad.
La gestión privada de las residencias
  • En las residencias no se dispone por la noche de suficiente personal como para realizar una evacuación rápida de todas las posibles personas (muchas de ellas con problemas de movilidad) que se encuentren en el sector de incendio afectado por el fuego y humo. Es especialmente importante que se cumpla el artículo 19 de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales que exige que “el empresario deberá garantizar que cada trabajador reciba una formación teórica y práctica, suficiente y adecuada, en materia preventiva”. Se ha de reforzar la formación de los empleados de las residencias en prevención de incendios y en qué hacer en caso de emergencia.
  • La dirección y personal de las residencias deben ser absolutamente intolerantes con el hábito de fumar fuera de las zonas permitidas.
  • Se debe equipar a las residencias y geriátricos con colchones ignífugos.
La gestión pública de las residencias
  • Es importante que haya Ordenanzas Provinciales o de las CCAA para que en todas las poblaciones de su ámbito todas las residencias cumplan los mismos requisitos de PCI.
  • Por supuesto, los departamentos de prevención de los servicios de bomberos deberían inspeccionar con regularidad estos edificios (donde no existan estos departamentos deben crearse con urgencia para que lleguen el día antes de los incendios en vez de 10 minutos después). Los inspectores no solo deben visitar las instalaciones, además deben de “inspeccionarlas”.
  • Naturalmente, los servicios de bomberos han de realizar las investigaciones pertinentes que les puedan aportar información suficiente de por qué se ha producido el incendio, su propagación y las razones por que se han producido las víctimas y cómo podrían haberse evitado.
  • Los responsables de que no exista un departamento de prevención de incendios son los alcaldes (es obligatorio por la Ley de Reguladora de las Bases del Régimen Local).
La sociedad debe garantizar que nuestros mayores disfruten con la máxima seguridad del tiempo de vida que les queda, y no lo estamos haciendo.
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El lío de los avisos (caso de los rojos en inundaciones) [12/11/2024]

Siguen los trabajos para intentar recomponer la destrucción producida por el agua en muchos lugares del Levante español y sigue la polémica sobre la gestión de los avisos. Pedro Anitua, Director de Atención de Emergencias y Meteorología del Gobierno Vasco entre 2010 y 2021, nos los explica. En lo que estoy viendo y escuchando se llegan a conclusiones erróneas y peligrosas, ya que se establecen las medidas que hay que tomar después de visto el impacto del “rojo” del Levante y a partir de aquí, y una vez sabidas las medidas concretas que había que haber tomado para este caso, se extrapola a lo que debe hacerse en otros casos en los que vuelva a aparecer el “rojo” por precipitaciones intensas. Esto no va así y empezaremos por el principio que es tener claro el esquema de cómo debe ser el sistema que genera la toma de medidas y avisos a la población. Intentaré, de forma muy simplificada, aclarar algunas cosas sobre ello. Allá va.
Se precisan cuatro cosas que deben ir unidas siempre:
  1. Una predicción meteorológica lo más ajustada posible.
  2. Una valoración correcta del impacto que puede producirse.
  3. El seguimiento en continuo de la situación.
  4. La comunicación veraz, temprana y continua tanto del posible impacto como de las medidas a tomar en cada momento (esto después de cada punto de los anteriores).
En cada punto de los enumerados, intervienen distintas entidades y personas así como equipos técnicos que no pueden obviarse. Esto es, el resultado va a depender de muchos factores no sólo de uno y por lo tanto no se puede llegar a una correlación general aplicable a todos los casos. 1 Una predicción meteorológica ajustada Esta predicción la realiza el correspondiente Servicio Meteorológico, el cual, desde unos días anteriores a la salida del aviso rojo, está realizando un seguimiento del fenómeno de posibles lluvias torrenciales que se está formando y con más motivo si son precipitaciones persistentes. El problema de la meteorología es que la predicción de precipitación no va a ser casi nunca exacta, ni en cantidades, ni en el lugar concreto, ni en el intervalo horario en el que se va a producir. Esto es así, tengámoslo claro. Estamos en el mundo de la probabilidad y la determinación de que esa probabilidad se ajuste a la realidad es más complicada cuanto más tiempo atrás se esté realizando la predicción y cuanto más detalle se quiera dar a la misma. Esto es, decir que va a llover a lo largo de esta tarde es relativamente fácil, pero lo difícil, a veces imposible, es decir que pasado mañana lloverá tanto, en tal localidad y a partir de tal hora. No exijamos a los y las meteorólogos/as algo que es casi imposible, y luego nos quejemos de que no han acertado. Por ello es habitual ir informando con tiempo de la posibilidad de que el fenómeno se materialice e ir corrigiendo el color del aviso a medida que nos aproximamos en el tiempo y los datos son más fiables. Pero, ya estamos en el lío y Meteorología lanza el aviso rojo. ¿Y ahora qué? 2 Valoración del impacto
Podemos decir que más importante que prever lo que va a llover es prever cómo va a afectar. Por ello es precisa una valoración del riesgo
Esto es, se precisa que esa información se estudie por “analistas” experimentados, ellos y ellas, que en base a los estudios realizados y a su propia experiencia, transformen la predicción meteorológica en el posible impacto a producirse. Esto es, transforman el “aviso meteorológico” en “alerta o alarma” de protección civil. Vemos que la cosa no es fácil, ya que a la dificultad de la predicción se le suma la incertidumbre de la valoración del impacto. ¿Crecerán los ríos por encima de un determinado límite? ¿Habrá que abrir algún aliviadero de presa? ¿Puede llegarse a tener que evacuar alguna zona? Etc. ¿Qué se hace entonces si no sabemos seguro qué va a pasar? Sólo hay una respuesta: Si la situación puede ser grave, y los avisos rojos lo son, las Autoridades de Protección Civil deben generar la preemergencia del correspondiente plan, alertando a los servicios, informando rápidamente a autoridades locales y ciudadanía, de lo que se sabe, sin especulaciones, incluyendo las medidas preventivas a tomar y a continuación realizar un seguimiento exhaustivo del desarrollo del fenómeno y sus consecuencias. Empecemos por esto último. 3 El seguimiento continuo de la situación No podemos escalar en las medidas de evacuar, cortar el tráfico, cerrar empresas, suspender el servicio de trenes, etc. de toda una zona de aviso si no sabemos cómo se está desarrollando el fenómeno esperable. Una vez tomadas unas medidas básicas iniciales, las Autoridades del correspondiente plan deben ajustar dichas medidas, dentro de lo posible, a la realidad. Es posible que haya suerte y se acierte a la primera con las medidas iniciales, pero es poco probable. Los y las especialistas que están realizando el seguimiento y proponiendo medidas necesitan datos de lo que está pasando. Las Autoridades de Protección Civil, para tomar medidas adecuadas, deben poder saber qué está pasando. Y…, esta pregunta es más difícil de responder. ¿Cómo pueden saber lo que está pasando? Y es más difícil de contestar porque posiblemente no tengan ningún medio para ello. ¿Hay estaciones meteorológicas e hidrológicas en tiempo real de su zona con datos accesibles al público? Y la respuesta es que, aquí igual sí, allá bueno y “más pallá” nada de nada. Pues igual hay que empezar a completar lo que no hay ¿no?
No pueden tomarse buenas decisiones si no hay una buena información en tiempo real
4 La comunicación veraz, temprana y continua tanto del posible impacto como de las medidas a tomar en cada momento Y aquí viene otro apartado distinto porque involucra a distintas personas y sistemas, desde los medios de comunicación, las redes sociales, las APP especializadas en cada Comunidad Autónoma y los sistemas de alertas por SMS a cada teléfono. Todos son importantes porque permiten, a la ciudadanía, ir adecuando su comportamiento a cada situación. Con la información en continuo pueden tomar medidas preventivas con cierta tranquilidad y con menos presión. Si volcamos nuestra información únicamente en el último SMS de emergencias, cuando el fenómeno ya está aquí, todos saldrán a la vez de casa a quitar el coche del garaje, todos saldrán a la vez de la localidad con riesgo de desbordamiento, todos colapsarán las vías de circulación y se generará no sólo caos si no que además la evacuación será imposible. Secuenciar la información, comunicar rápidamente y de forma continuada sobre lo que pasa y lo que es previsible que pase, nos ayudará a evitar daños. Y no, en ningún caso se puede retrasar información o bien ocultarla por temor a lo que le pueda pasar a la persona responsable de autorizarlo. Esto va en el cargo. Si no se quieren tomar decisiones es mejor no trabajar en emergencias. Pero cuando aviséis, la primera pregunta que os harán será ¿pero de verdad es para tanto y va a inundarse todo? Sólo hay una respuesta: “no lo sabemos, pero prepárate por si acaso”.

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Guía de autocuidado para personal de intervención en emergencias

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Piluca Carmona, psicóloga formadora especializada en factores humanos en emergencias, ha preparado una sencilla pero muy práctica guía cuyo objetivo es fomentar el autocuidado del personal que desarrolla su trabajo sobre el terreno en las emergencias, para dar importancia al bienestar psicológico como parte de la Salud Mental. Autora: Piluca Carmona Enlace: https://opra.info/wp-content/uploads/Guia-de-Autocuidado-para-personal-de-intervencion-en-emergencias.pdf