Se buscan mandos para bomberos

Podía empezar este artículo con un “¿Hay algún mando libre por ahí…?”, pero la verdad es que no estamos ante un asunto con el que convenga hacer demasiadas bromas. Puede sonar a paradoja, pero empieza a ser un problema serio en los servicios de bomberos/as: sobran aspirantes para entrar y faltan personas dispuestas a asumir puestos de mando. Dicho de otra manera, mucha gente quiere ser bombero/a, pero una vez dentro del servicio, cada vez menos quiere dar el paso hacia la responsabilidad de dirigir. Y esa es una señal que conviene tomarse muy en serio. Es verdad que en muchos servicios esta dificultad venía detectándose desde hace años en determinados niveles de jefatura, especialmente en las Jefaturas de Servicio o en el paso desde puestos de mando con horario de 24 horas continuadas a destinos de 8 o 12 horas. Lo preocupante es que el problema ya no parece limitado a esos casos, sino que empieza a extenderse al conjunto de las escalas de responsabilidad, sí, también a las más básicas. Y eso obliga a parar y analizar con seriedad la situación, especialmente si de verdad se quiere hablar de calidad en los servicios públicos. Calidad de los servicios públicos La calidad de los servicios públicos no depende solo de los recursos materiales o de la vocación de sus plantillas, sino también, de forma decisiva, de la calidad del desempeño de sus mandos. Y, aunque pueda parecer una obviedad, se habla sorprendentemente poco de ello. En un servicio tan exigente como el de bomberos/as, unos mandos preparados, respetados y capaces de organizar, decidir y cuidar a sus equipos marcan la diferencia entre una respuesta simplemente correcta y un servicio verdaderamente eficaz, seguro para sus bomberos/as y de calidad para la ciudadanía. Por eso, cuando falla la atracción hacia los puestos de mando, no solo se resiente la estructura interna del servicio: también puede verse comprometida la calidad del servicio público que se presta, y ahí es donde conviene detenerse para pensar qué está ocurriendo y por qué cada vez menos personas quieren asumir esa responsabilidad. En tanto quienes deben dar esa vuelta lo van haciendo, adelanto mi sensación sobre algunas de las posibles causas. Insisto en que hablo de sensaciones, o, si se prefiere, de opiniones o presuntas causas, porque ya se sabe que, cuando alguien plantea una reflexión incómoda, nunca falta quien prefiera disparar contra quien la formula antes que entrar en el fondo de la cuestión. Estas causas, repito, en mi opinión y dejando al margen el problema que genera el posible, y antes mencionado, cambio de horario, son dos:
  • Más trabajo
  • Más responsabilidad
Y a las que podíamos añadir un resumen final que dijera algo así como “y todo ello por casi el mismo precio”. Más trabajo La demagogia es infinita, cuando algunas personas hablan de sus jefes, y estoy hablando de todas y todos, pero en este caso me refiero concretamente a los/las mandos operativos que dedican habitualmente más horas de trabajo que un bombero. No, no me refiero a “estar”, me refiero a horas realmente trabajadas, ya que a las acciones operativas hay que sumar las horas dedicadas a la parte administrativa y a la organización operativa. Un cabo (el responsable de un grupo de bomberos), de promedio, mete más horas que un bombero. Esto es así, aunque a algunas personas no les guste. Más responsabilidad Pero si el aumento de carga de trabajo es evidente, el incremento de responsabilidad lo es todavía más. Un mando no solo organiza un servicio o distribuye tareas: toma decisiones que afectan a la seguridad de la dotación, al desarrollo de la intervención y, en no pocas ocasiones, a la vida de terceras personas. Y eso no es una frase hecha. Es la realidad cotidiana de quien tiene que decidir con rapidez, con información incompleta y sabiendo que cualquier error puede tener consecuencias importantes. A esa responsabilidad operativa se suma además otra menos visible, pero igualmente pesada: la de responder por lo que se hace, por lo que no se hace y, muchas veces, incluso por lo que otros hacen mal. Porque mandar no consiste solo en tener galones o capacidad de decisión; consiste también en asumir desgaste, exposición, presión interna y externa y un nivel de exigencia que rara vez se compensa de forma proporcionada. Y cuando esa ecuación se repite una y otra vez, no debería sorprender que cada vez menos personas quieran dar ese paso.
Así lo pienso y así lo he vivido. No cuiden a nuestros mandos ahora y lo lamentarán en el futuro, que por cierto ya ha llegado.

¿Cómo reducir los accidentes?

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Nuestra sociedad conoce un caso de auténtico éxito en la reducción de accidentes. Los avances y las mejoras se producen por acciones acertadas, no por casualidad. Te los cuento en este artículo.

Autor: Javier Larrea. Presidente del Observatorio de Prevención de Riesgos y Accidentes
Publicación: Web OPRA www.opra.info • 24 de mayo de 2026

Algunas causas externas de mortalidad han visto reducir sus números en los últimos años. La que más destaca en este aspecto es la reducción de las víctimas de accidentes de tráfico que han pasado de 9.344 en 1989 a 1.853 en el año 2024. Otro caso a tener en cuenta podría ser la reducción de accidentes de trabajo que también puede servir de ejemplo, aunque no ha producido una reducción tan importante.

La reducción de los accidentes de tráfico en España

La reducción de los accidentes de tráfico con víctimas mortales es el primer caso que podemos poner como ejemplo de un caso de éxito: una positiva evolución en la reducción de accidentes mortales. El resultado es que como se ha visto desde la década de los 90 del siglo XX se han reducido los fallecimientos desde más de 9.000 hasta estar por debajo de 2.000 en la última década. Una reducción del 80% de las muertes puede considerarse un resultado envidiable para todos los demás tipos de accidente.

Este avance en la reducción de los accidentes de tráfico en España siguiendo las medidas adoptadas en otros países se ha traducido en unos excelentes resultados desde finales del siglo XX, que sin embargo no se han mantenido en los años posteriores a la era covid pues desde el año 2019 estamos viviendo un repunte en los accidentes de tráfico.

Este caso que considero de éxito ha sido expuesto en el libro “Del Infinito al Cero”, de Jesús Monclús y Pere Navarro (2021)[1] con la participación de los muchos agentes involucrados en la seguridad vial.

Miguel María Muñoz, exdirector general de Tráfico en el Gobierno de España y a mi juicio protagonista de las innovaciones gubernativas en materia de seguridad vial y promotor de los cambios necesarios en España, manifestaba que «Probablemente todos los que me habían precedido en el cargo, al ser interpelados en relación con las cifras de accidentes y sus consecuencias, solían adoptar una actitud de tipo apologético tratando de defender una realidad indefendible. Su discurso era algo así como “Sí, es verdad que los datos son peores que los del año pasado, pero si tenemos en cuenta que esta Semana Santa ha habido un x por ciento más de desplazamientos…”»[2].

Este testimonio supone una revelación de cómo los responsables políticos y administrativos de la gestión del tráfico y de la seguridad vial utilizaban los datos estadísticos de crecimiento de alguna de las variables que interviene en los accidentes para explicar los malos resultados (racionalización política). Este argumento de inseguridad vial ya no sirve y no debería estar vigente. La experiencia ha demostrado que cuando se actúa con convicción y se invierte en materia de seguridad se obtienen buenos resultados o al menos no se empeora.

Estadísticamente puede ser correcto atribuir mayor siniestrabilidad en función de un mayor número de unidades expuestas a un peligro, pero ya sabemos que la gestión del riesgo consiste en actuar sobre las variables presentes en los peligros y los factores que participan en los accidentes. Quizás no podremos intervenir en la manía de desplazarnos todos a la vez cada vez que tenemos varios días libres desde los mismos puntos de origen a los mismos o parecidos destinos, pero hay otros factores sobre los que intervenir como se ha demostrado en otros países[3]. En parte, a mayor número de coches más accidentes, a mayor número de kilómetros recorridos más muertes, pero los accidentes pueden depender de nuestro comportamiento social, hay factores sobre los que se puede influir para reducir los accidentes, tanto sobre el conductor como sobre el peatón, es decir sobre las potenciales víctimas, disminuyendo su vulnerabilidad como la limitación de la velocidad, atención, concentración, consumo de alcohol y drogas, etc., sobre las condiciones de la vía, aumentando visibilidad, mejoras en su trazado, señalización, calzada, asfalto, etc., y sobre el vehículo, como ayudas a la conducción, adherencia de las ruedas al firme, elementos de protección pasiva, airbag, etc.

Agentes clave en la reducción de accidentes

Pueden resultar esclarecedoras las declaraciones de Filomeno Mira, un referente de la Seguridad Vial en España, que resumen sencillamente cómo se han ido logrando los objetivos en la reducción de los accidentes de tráfico: «Las altas cotas alcanzadas de seguridad en España son fruto de una acción concertada de instituciones públicas y privadas, entidades aseguradoras, asociaciones, grupos sociales y otros actores bajo una decidida acción gubernamental. Filomeno Mira (2021)[4]». Parece indicar una buena estrategia, un camino adecuado a seguir; el problema es cuando no hay ninguna institución pública ni privada, ni entidad aseguradora, ni gubernativa, ni asociación que puedan unir sus esfuerzos simplemente porque no existen.

No obstante, a pesar de los buenos resultados no puede decirse que se pueda estar eufórico con un balance de casi 2.000 muertes al año, por lo que no debe caerse en esa autosatisfacción actual y hay que adoptar nuevas medidas que lleven a lograr el objetivo (prácticamente inalcanzable) de reducir las muertes de 2019 al 50% para 2030.

Una buena medida podría ser parcelar cada uno de los tipos de accidentes y de cada tipo de vehículo pues en los accidentes de vehículos podemos distinguir varios tipos de accidentes como salida de la vía o calzada, colisión con otro vehículo, atropello de personas o animales, vuelco del vehículo, etc. Y cada uno de ellos puede y debe ser objeto de estudio por separado de forma más especializada para dar con las claves para su prevención. Y eso sin olvidar el estudio de las características de las victima que están siendo muy poco estudiadas.

Los accidentes no los tienen los vehículos, los tienen las personas.

Una vez visto y analizado el éxito en la reducción de accidentes de tráfico en España y conocidos las pautas y los pasos que se han ido dando en las últimas cuatro décadas cabe preguntarse si es posible seguir un camino similar con otros accidentes. Hay que mirar qué similitudes pueden encontrarse con el riesgo de los accidentes por caídas y cuáles son los actores que tienen algún papel sustancial o accesorio en el juego de la prevención.

Si nos damos cuenta de que hay mucho que mejorar, ¿por qué no empezamos ya?

¿A qué hay que esperar?

[1] Jesús Monclús y Pere Navarro (2021). De Infinito al Cero (Así lo hicimos). Fundación Mapfre y DGT.

[2] Medina, M (2021) La sociedad civil como protagonista. Del Infinito al Cero. Fundación Mapfre. DGT. Pág. 20.

[3] Por ejemplo, en países de Centro Europa se ha desarrollado el hábito de mantener la distancia de seguridad con otros vehículos.

[4] Mira, Filomeno (2021). Los agonistas de la Seguridad Vial. De Infinito al Cero (Así lo hicimos). Fundación Mapfre y DGT. Pág. 16.

Atragantamientos en España en 2024

Los atragantamientos en España son la segunda causa de muerte accidental detrás de las caídas. Este artículo actualiza las estadísticas de esta causa de fallecimiento con los datos del INE de 2024. Autor: Javier Larrea. Presidente del Observatorio de Prevención de Riesgos y Accidentes Publicación: Web OPRA www.opra.info • 20 de mayo de 2026 En el año 2024 (último año del que se disponen datos) los atragantamientos accidentales han ocasionado la cifra de 3.090 muertes, 1.474 mujeres y 1.616 hombres. Con esta cifra los atragantamientos y sofocación accidental (sin contar los ahogamientos por inmersión) son la segunda causa de muerte accidental en España, superando en más de 15 veces las muertes por accidentes de tráfico. Atragantamientos por edad y sexo En el gráfico de víctimas mortales por atragantamiento por sexo y edad elaborado por el Observatorio de Prevención de Riesgos y Accidentes con los datos del Instituto Nacional de Estadística de 2024 se advierte que se produce un notable ascenso de las muertes por atragantamiento con el aumento de la edad. Se produce un gran impacto social cuando un niño pequeño muere por un atragantamiento accidental pero afortunadamente son escasas las muertes por esta causa entre los más pequeños. Como se puede apreciar a simple vista son muy pocos los fallecimientos en la primera etapa de la vida; en 2024 se produjeron 7 muertes entre 0 y 5 años (4 de ellos de 1 año). Un dato curioso es que, de estas 7 víctimas, 6 fueron varones. En la adolescencia apenas hay víctimas por esta causa. Después, en la juventud y en la madurez van aumentando las muertes por atragantamiento hasta que a partir de los 75 años se inicia una escalada que dispara las muertes por esta causa. Una curiosidad apreciable que nos ofrece esta estadística es que el número de varones muertos en la edad adulta (columna azul) es notablemente mayor que el de mujeres muertas (columna rosa), pero esa proporción se invierte a partir de los 85 años en que mueren más mujeres que hombres por esta causa, debido a que a partir de los 85 años, la proporción de hombres es de aproximadamente un 38% frente a un 62% de mujeres. Esta tendencia se mantiene regular los últimos años. Aunque exista la creencia errónea de que los más vulnerables a estos accidentes son los menores de edad nos encontramos con que el pico de muertes se encuentra a partir de los 80 años; de hecho, en 2024 han perdido la vida 2.733 mayores de 64 años, lo que supone el 88,5% de todas las muertes por esta causa; un dato interesante que habrá que tener en cuenta para poner en marcha acciones preventivas si se quiere reducir este escandaloso número de víctimas mortales de nuestras personas longevas. Evolución al alza En el siguiente gráfico de evolución de las víctimas mortales por atragantamiento que recoge las víctimas habidas en los últimos 25 años se observa la tendencia creciente al alza. En lo que va de siglo se ha multiplicado por seis el número de muertes por atragantamiento y esto va a seguir así si no se produce algún cambio o innovación, lo que no parece que esté en la voluntad política de nadie. El descenso de defunciones que se advirtió durante la época covid (años 2020 y 2021) se ha compensado con el rebote de los tres últimos años en los que tenemos registros superando las 3.000 muertes anuales. Se trata de un dato alarmante para alguien que tuviese la responsabilidad de estar pendiente de estas estadísticas. Tipos de muerte por atragantamiento Analizando con más detalle los accidentes mortales que el INE recoge bajo el epígrafe de “Inhalaciones y obstrucciones respiratorias” se observa que la mayor parte de las muertes se corresponde con el atragantamiento por la ingestión de alimentos y por la obstrucción respiratoria de otros objetos. Este accidente se conoce medicamente como OVACE que son las iniciales de Obstrucción de las Vías Respiratorias por Cuerpo Extraño. La otra obstrucción que ocasiona la muerte es la de los contenidos gástricos (2,6%). Otras obstrucciones como los hundimientos y caídas de tierra (4), los ahorcamientos accidentales (4) o el confinamiento en espacios sin oxígeno (2) no alcanzan ni el 0,5% de las víctimas mortales por esta causa. Así pues, es la OVACE la auténtica causa de muerte por atragantamiento y a la que habrá que prestar atención desde un punto de vista preventivo. Un problema con el que nos encontramos es la falta de información sobre estos accidentes. De los atragantamientos que se producen a lo largo de un año en España no sabemos cuántos casos son atendidos en urgencias, ni tan siquiera sabemos la distribución de las causas que han producido estos accidentes cuando llegan a urgencias porque no se recoge adecuadamente el dato. Cuando la muerte se produce por un cuerpo extraño tampoco sabemos cuál ha sido el objeto o alimento que lo ha provocado pues el INE no publica ese dato porque no se conoce. Y en pocos casos se recoge en las estadísticas el lugar en que ha ocurrido. Como ejemplo, en 1.786 casos de los 2.463 casos de fallecimiento por OVACE, que recoge el INE en 2024, figuran “en lugar no especificado”. Harían falta estadísticas más pormenorizadas para tener pleno conocimiento de este grave fenómeno accidental y adoptar medidas para prevenirlo. Como ya he apuntado otras veces, no hay ningún gobierno, ni administración, ni organización encargada de recoger estos datos ni de poner en marcha medidas de prevención. Para ello, habría que crear un Centro de Prevención de Accidentes que tuviese esta función o bien deberían ser las comunidades autónomas con mayor sensibilidad quienes los creasen. Intervención en caso de atragantamiento La medida más eficaz para intervenir en una OVACE es la maniobra de Heimlich, de la que ya hemos escrito otras veces y que hemos tratado en otros artículos. Todo el mundo debería saber realizar la maniobra de Heimlich que puede aprenderse en unos pocos minutos, es fácil de realizar y una vez aprendida no se olvida nunca, no se olvida en toda la vida. Esta maniobra debería ser enseñada en los colegios a todo el personal, profesorado y escolares, y muy especialmente al personal de comedor. En un próximo artículo analizaremos los dispositivos existentes en el mercado español para intervenir en casos de atragantamiento.

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Rescate Vial publica el artículo de OPRA sobre el accidente de Adamuz

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El número 82 de la revista Rescate Vial recoge el artículo “La protección civil en el accidente de Adamuz” firmado por el presidente de OPRA, Javier Larrea, en el que se pretende hacer un reconocimiento público del papel destacado del voluntariado de protección civil de Adamuz, que desempeñó tareas fundamentales en las primeras horas tras el trágico accidente ferroviario (46 muertes). Puedes ver el artículo (en la página 40), así como la revista completa, en: https://www.publica.es/digital/rv-82.htm ¡Gracias a Rescate Vial por ayudarnos a difundir la cultura de la prevención!

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¿Fue un caos la crisis del hantavirus? Sí [17/05/2026]

Transcribo aquí, de forma no literal, una de las muchas conversaciones que mantuve la semana pasada sobre la crisis del hantavirus. —¿Lo del hantavirus fue un caos, verdad? —Sí, sin duda, todo lo ocurrido en torno al hantavirus en el crucero MV Hondius se ha calificado así, mira las noticias. Y, en cierto modo, aún se sigue haciendo en determinados foros y tertulias. —Entonces, si fue un caos, entiendo que hubo desorganización y anarquía en la respuesta operativa; es decir, que la solución no fue adecuada y se generó desconcierto entre quienes debían gestionar el suceso. —Sí y no. Hubo confusión, ruido y desconcierto alrededor del episodio, pero no necesariamente en la gestión técnica de la crisis, que, en mi opinión, activó y desarrolló su plan de acción de forma correcta y ordenada. —Entonces no lo entiendo: ¿se actuó bien y, al mismo tiempo, se generó caos? —Exactamente. Y esa aparente contradicción tiene explicación. La explicación Te cuento: En las grandes emergencias o situaciones críticas, el caos puede desarrollarse, al menos, en tres ámbitos.
  1. El tiempo de transición entre el suceso y la activación plena del sistema de respuesta
Existe un sistema de respuesta diseñado para atender cualquier emergencia, adaptable a cada circunstancia, organizado y sostenido por profesionales que conocen bien su función. Sin embargo, ese sistema necesita un tiempo, que no siempre es breve, para ajustarse a lo que está ocurriendo. Dicho de otro modo, nadie sabe de antemano qué va a suceder exactamente, dónde ocurrirá, a qué hora ni con qué intensidad. Pero el sistema debe responder de forma organizada y en el menor tiempo posible. Y ese tiempo, inevitablemente, no es cero. Por eso, en toda gran emergencia existe un período inicial de transición y adaptación durante el cual la organización escala su respuesta hasta consolidar plenamente la gestión del incidente.
  1. La percepción pública y la construcción mediática del caos
A ese período inicial, cada vez con más frecuencia, los Medios lo llaman “caos”. Aquí entra en juego un segundo plano: la comunicación a la ciudadanía. Un viejo aforismo sostiene que, si los medios de comunicación definen una situación como caótica, esa percepción acaba imponiéndose. Los medios son, sin duda, esenciales para informar a la sociedad. Sin embargo, en muchos casos, la información periodística ha sido desplazada por un modelo basado en el debate permanente: opiniones enfrentadas, tertulias instantáneas y juicios inmediatos. Ya no siempre predomina la descripción de lo ocurrido, sino la confrontación interpretativa. A ello se suma lo que circula en redes sociales, donde la desinformación, la exageración o la simplificación pueden amplificar aún más la sensación de desorden. Hasta ahí, esa percepción podía sobrellevarse, aunque con relativa dificultad. El problema se agrava cuando aparece un tercer ámbito.
  1. La confrontación política
El tercer espacio en el que se desarrolla el caos es la confrontación política mientras la emergencia sigue en curso. Nunca antes se había visto con la intensidad que hoy alcanza. Conviene recordar que la Ley 17/2015 del Sistema Nacional de Protección Civil establece, en su artículo 3.2, que las actuaciones del sistema deben regirse por principios como la colaboración, la cooperación, la coordinación, la solidaridad interterritorial, la subsidiariedad, la eficiencia, la participación, la inclusión y la accesibilidad universal. Cuando, en plena emergencia, el debate político se convierte en bronca pública, esa confrontación es recogida de inmediato por los medios y trasladada a la ciudadanía. El resultado es una población que acaba sin saber si la situación se está gestionando bien o mal, si quienes dirigen técnicamente la respuesta saben lo que hacen o si las medidas adoptadas son las correctas. Caos emergencias Mi visión en resumen Sinceramente, me resulta llamativo que una operación que, por lo que he observado, se ha desarrollado con niveles técnicos y organizativos razonablemente adecuados genere, en la opinión pública, un desconcierto tan grande como para provocar incluso manifestaciones en la calle con pancartas. La discrepancia política me parece legítima; forma parte de la vida democrática. Pero, durante la emergencia, debería prevalecer un principio básico: primero resolver, después depurar responsabilidades. Si ha habido, y seguramente las ha habido, deficiencias en la comunicación, en la información o en la gestión, deben analizarse y corregirse, y, en su caso, exponerse públicamente una vez finalizado el episodio. Todo lo anterior puede aplicarse a muchas otras situaciones recientes en las que han coincidido esos tres ámbitos del caos con sus correspondientes espacios de responsabilidad para evitarlo. Los resumo:
  • El técnico, mejorando procedimientos y corrigiendo errores a partir de las lecciones aprendidas.
  • El mediático, procurando que, en plena crisis, la información técnica veraz prevalezca sobre la tertulia inmediata y el debate enfrentado.
  • El político, respetando los tiempos de cada fase: primero cooperar en la resolución; después, exigir explicaciones o responsabilidades.

A tener en cuenta en los simulacros de emergencias

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Los planes de autoprotección/planes de emergencia exigen la realización de simulacros de emergencia para comprobar que las medidas previstas de protección se ejecutan de acuerdo con lo planificado para distintas situaciones de emergencia. Autor: Javier Larrea. Presidente del Observatorio de Prevención de Riesgos y Accidentes Publicación: Web OPRA www.opra.info • 13 de mayo de 2026 Sin la realización de estos simulacros el plan de autoprotección puede ser papel mojado o plan-basura, que se dice ahora, porque nunca se han puesto en práctica y por lo tanto no se sabe de su practicidad. Para quienes tengan que poner en marcha los simulacros vamos a exponer unos pequeños consejos que pueden ser de ayuda. Para planes de emergencia municipal o grandes emergencias

1.- Es posible, que en una primera fase haya que dar más importancia a los ejercicios prácticos de cada organización por separado que a los ejercicios conjuntos de colaboración entre varias entidades.

2.- Puede ser recomendable que no exista presencia de medios de comunicación para que no desvirtúen el objetivo del ensayo: poner en práctica un método de trabajo interno.

3.- A veces, los planes de emergencia han sido diseñados con escasa o ninguna participación de los servicios de emergencia que deberán actuar el día que ocurra un incidente, por lo que no siempre son de total utilidad y tienen una dudosa operatividad. Esto mismo puede ocurrir con los simulacros, es decir, que se planifiquen de espaldas a los servicios de emergencia o sin tener en cuenta sus sugerencias.

4.- De cualquier manera, hay que desarrollar con celo el sentido autocrítico. No hay que mostrar reparos a señalar lo que hemos hecho mal y lo que no ha salido bien. Los simulacros son una ficción, pero, sus conclusiones no deben serlo.

Para simulacros de actividades y entidades privadas Las empresas o industrias que deban realizar un simulacro deben tener presentes los Peligros que acechan a los simulacros.

1.- Hay que identificar bien la emergencia que queremos simular, el escenario y los objetivos del simulacro.

2.- Si no se ha explicado a toda la plantilla la existencia del Plan de autoprotección y sus objetivos y en qué consiste el simulacro que se va a realizar es muy posible que su implicación sea mínima. Hay que lograr que todas las personas colaboren proactivamente.

3.- Hay que evitar que los simulacros sean repetitivos y que no se conviertan en rutina pues dejará de prestárseles la atención requerida. No se trata solo de realizar los simulacros para cumplir con la ley o aparentar seguridad, sino de testar nuestra capacidad de respuesta ante las emergencias.

4.- La ley de Murphy nos indica que si algo puede salir mal saldrá mal, y hay quien piensa que Murphy era un optimista. Bromas aparte, los simulacros pueden darnos la falsa impresión de que estamos perfectamente preparados para todo tipo de emergencias cuando en realidad tan solo estamos medio entrenados para la situación que se ha simulado.

5.- Hay que tener en cuenta que hay muchas situaciones que no están contempladas en los planes de emergencia, por lo que conviene ampliar el catálogo de peligros a los que se está expuesto.

En ambos tipos de simulacros, públicos o privados, grandes o pequeños, hay que dar mucha importancia a la evaluación final o posterior para detectar los imprevistos y los errores para la rectificación en la actualización del Plan de Autoprotección.

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¿Cobrar tasas por el servicio de bomberos? [10/05/2026]

Muchas administraciones facturan una tasa a los afectados por un incendio o por un rescate o por cualquier actuación del servicio de bomberos. ¿tiene que ser así?
Fecha: 4 de julio de 1990
Muchas personas víctimas de un incendio se sorprenden cuando al de un tiempo les llega una comunicación de su Ayuntamiento o Diputación informándoles de que tienen que realizar un pago correspondiente a la intervención del servicio de bomberos en su domicilio. Muchos vecinos no saben de la existencia de esa tasa obligatoria por la prestación del servicio de bomberos. El hecho imponible de la tasa son los servicios prestados por el servicio de bomberos, en la relación que se cite en la Ordenanza municipal (o provincial) de Tasas.  Los sujetos pasivos de la tasa o sea a quién se le cobra la factura de la intervención del servicio son las personas físicas o jurídicas que soliciten o resulten beneficiados por la actuación. Estas tasas comenzaron a aplicarse a partir de que el Tribunal Supremo sentenció en 1980 que la tasa de incendios que se cobraba a todos los vecinos era ilegal pues una tasa solo se puede aplicar por la prestación de un servicio prestado, como por ejemplo la tasa de recogida de basura, lo que no es el caso de la extinción de un incendio, pues hay muchos vecinos que no utilizan el servicio de extinción de incendios en todo el año. Mi postura de hace treinta años Recuerdo que cuando era el jefe del Servicio de bomberos de Bilbao, en los años 90, cada ejercicio, desde el Área de Hacienda municipal me requerían por escrito mi opinión sobre la actualización de la Tasa municipal del servicio de bomberos y todos los años proponía la retirada de dicha tasa por las siguientes razones:
  • Tener un Servicio de Prevención y Extinción de Incendios es una obligación de las Administraciones locales.
  • No hay argumentos que justifiquen que una actuación en la que participan policía local o autónoma, un servicio de ambulancias y el Servicio de Bomberos, sólo se envíe al ciudadano la factura de estos últimos.
  • El cobro de los servicios a los ciudadanos repercute a medio plazo en un mayor riesgo, ya que una vez que es conocido el elevado importe de la factura, un vecino que tenga un pequeño incendio en su casa tratará de apagarlo por sus medios antes de llamar a los Bomberos.
  • Además, teniendo en cuenta que la factura final está relacionada con el número de vehículos y dotación que se envía, los propios operadores de la central de bomberos “tratan solidariamente de reducir los costos de las intervenciones, enviando dotaciones más reducidas de lo habitual, lo que pueden provocar mayores pérdidas y riesgos”.
La asociación de jefes de bomberos se posicionó contra la tasa de incendios. La imagen que recoge la columna publicada en prensa es del 4 de julio de 1990. Me consta que algunas administraciones están eliminando la aplicación de la tasa, con algunas excepciones como las negligencias o aquellas intervenciones que están cubiertas por compañías de seguros.

El objetivo ha de ser no añadir más desgracia a los vecinos tras un siniestro.

Ponencias de la jornada «Nuevo RSCIEI» de Navarra

El pasado 28 de abril de 2026 se celebró en Cordovilla (Navarra, España) la jornada técnica “Nuevo RSCIEI” sobre el nuevo Reglamento de seguridad contra incendios en establecimientos industriales (abril de 2025), en la que se presentaron las principales innovaciones incorporadas y que trascienden el RSCIEI con la modificación del RIPCI y del DBSI del CTE desde la perspectiva de distintos profesionales de la PCI. La jornada estuvo organizada por la AIN (Asociación de la Industria Navarra) y OPRA, y se celebró en una sesión de mañana en las instalaciones de la AIN en la que participaron más de 100 personas.
Primer panel de ponencias
Segundo panel de ponencias
Un panel de expertos integrado por Javier Amézaga (Seguridad Industrial del Gobierno de Navarra), Yolanda Izuriaga (AIN), José María García e Isidro Pérez (PRODEIN), Maider Vigo (OKATEK), Francisco J. Martín (ONDOAN), Rafael Sevilla (TASC), Ana María Calvo (SCI), Alfredo Álvarez (EUROSPRINKLER) y Fernando Vigara (SFPE ESPAÑA), colaboró activamente en la difusión y el esclarecimiento de la normativa de PCI entre los profesionales del sector de la seguridad industrial. Las presentaciones de los ponentes ya están disponibles en formato pdf en la web https://opra.info/jornadarscieinavarra/
Asistentes a la jornada
Un momento del café

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Día internacional del bombero: 4 de mayo [04/05/2026]

La iniciativa de celebrar el Día Internacional del Bombero el 4 de mayo fue propuesta por J.J. Edmondson, bombero australiano, quien envió un correo internacional proponiendo honrar en esta fecha a los cinco bomberos voluntarios fallecidos en un incendio en Linton, en el estado de Victoria (Australia) en 1998 mientras combatían el fuego y así fomentar el apoyo internacional al colectivo.

El Día Internacional del Bombero introdujo también la simbología del lazo o cinta roja y azul identificando el color rojo con el fuego y el azul con el agua.

La propuesta se difundió rápidamente por internet y fue adoptada globalmente pues coincide que esa fecha ya está vinculada al fuego y la protección contra incendios al ser la festividad de San Florián, patrón de los bomberos en Austria, Alemania y Polonia, con gran repercusión en Chequia, Eslovaquia, Hungría y con presencia en algunos países de América Latina, como en Panamá, Ecuador, Brasil y Chile. Poco a poco esta celebración se va extendiendo.

El término “bombero” tiene matices, por lo que también hay otras celebraciones parciales como el “Día del bombero voluntario” que se celebra el 2 de junio en Argentina, Chile y otros países, como fiesta nacional. Los cuerpos de bomberos voluntarios también celebran el día 5 de diciembre el “Día internacional de los voluntarios” de las Naciones Unidas.

Otros países

Unos cuantos países de América Latina han optado por señalar la fecha de celebración del día del Cuerpo de Bomberos o Día del bombero coincidiendo con la creación o fundación del primer cuerpo de bomberos de su nación. Es el caso de Colombia (11 de noviembre), Cuba (13 de noviembre), Chile (30 de junio), México (22 de agosto), Perú (5 de diciembre) y Uruguay (27 de octubre). Otros países han fijado esta celebración coincidiendo con la fecha de un gran siniestro u otro acontecimiento, e incluso algunos no tienen fecha fija en el calendario, como República Dominicana donde se celebra el segundo domingo de marzo. Algunos cuerpos de bomberos americanos celebran también la festividad de su patrona la Virgen de la Merced, como Nicaragua, República Dominicana y Chile.

En los países europeos también hay variadas celebraciones en función de su tradición religiosa. En Francia festejan el 4 de diciembre a Santa Bárbara, que también es patrona de algunos otros países sudamericanos como Costa Rica y Honduras.

En España

En España se celebra desde hace más de 70 años la festividad de San Juan de Dios como patrón de los Cuerpos de bomberos. San Juan de Dios fue una imposición franquista como Patrón de todos los Cuerpos de bomberos españoles por decreto del gobierno de Franco en 1953. En el BOE nº183, con fecha 2 de Julio de 1953, se publicó la oficialidad de SAN JUAN DE DIOS como patrón de los Cuerpos de Bomberos.

A partir de ese momento el 8 de marzo fue el patrón oficial, sin discusión: la fiesta, como dice el BOE, para honrar a su patrón. Algunos, además del patrón oficial, tienen patrona religiosa como Bomberos de Madrid que honra a la Virgen de la Paloma.

En una España cada vez más laica se debería reflexionar sobre la celebración de la fiesta anual y el patronazgo de los servicios de bomberos.

Una propuesta alternativa

Teniendo en cuenta el avance de la laicidad de la sociedad española, quizás se debería revisar la celebración de San Juan de Dios como patrón religioso de un servicio público. Aunque la presión de los gobiernos, poderes y partidos políticos de corte demócrata cristiano es muy fuerte, cada vez se expresan con más fuerza las voces de los defensores de un estado laico y aconfesional para que su derecho a la laicidad no se vea sometido por las tradiciones religiosas inmutables.

Aunque se van produciendo algunos avances en laicidad, todavía hoy, muchas celebraciones incluyen misas católicas en el interior de las instalaciones públicas vulnerando la neutralidad y no adscripción religiosa de los poderes públicos.

Quizás lo correcto fuese encontrar una fecha de consenso, no para celebrar tal o cual santo, sino el Día de los servicios de bomberos y puede resultar oportuno sumarse al Día Internacional del Bombero, el 4 de mayo.

Ventajas del día del bombero el 4 de mayo

  •  Se trata de celebrar “el día del bombero” estrictamente vinculado a la actividad de Bomberos y Emergencias y no de honrar a un santo patrón religioso.
  • Es una festividad laica y aconfesional, aunque no hay que olvidar que la fecha coincide con San Florián.
  • Celebra una efeméride internacional lo que nos aproxima y nos une a la gran familia bomberil del mundo.
  • No coincide con otra celebración popular como ocurre con el 8 de marzo, el “Día internacional de la mujer trabajadora”, muy consolidada, que ha restado gran protagonismo social a la fiesta de los bomberos.
  • El clima primaveral del 4 de mayo, en nuestras latitudes, es muchísimo mejor que el invernal del 8 de marzo, lo que propiciaría un mayor desarrollo de las actividades festivas realizadas al aire libre, como las jornadas de puertas abiertas en los parques de bomberos, permitiendo una mayor participación social.

Es muy probable, que este cambio sea positivo para todos y que algún día se haga realidad, aunque modificar tradiciones suele ser una tarea ardua. A ver quién da el paso y es el primer servicio que lo celebra. Una opción podría ser empezar a celebrar oficial e institucionalmente el día 4 de mayo, y que los católicos y los nostálgicos mantengan sus ritos religiosos el 8 de marzo en honor a su patrón.

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Día internacional del bombero: 4 de mayo

La iniciativa de celebrar el Día Internacional del Bombero el 4 de mayo fue propuesta por J.J. Edmondson, bombero australiano, quien envió un correo internacional proponiendo honrar en esta fecha a los cinco bomberos voluntarios fallecidos en un incendio en Linton, en el estado de Victoria (Australia) en 1998 mientras combatían el fuego y así fomentar el apoyo internacional al colectivo.

El Día Internacional del Bombero introdujo también la simbología del lazo o cinta roja y azul identificando el color rojo con el fuego y el azul con el agua.

La propuesta se difundió rápidamente por internet y fue adoptada globalmente pues coincide que esa fecha ya está vinculada al fuego y la protección contra incendios al ser la festividad de San Florián, patrón de los bomberos en Austria, Alemania y Polonia, con gran repercusión en Chequia, Eslovaquia, Hungría y con presencia en algunos países de América Latina, como en Panamá, Ecuador, Brasil y Chile. Poco a poco esta celebración se va extendiendo.

El término “bombero” tiene matices, por lo que también hay otras celebraciones parciales como el “Día del bombero voluntario” que se celebra el 2 de junio en Argentina, Chile y otros países, como fiesta nacional. Los cuerpos de bomberos voluntarios también celebran el día 5 de diciembre el “Día internacional de los voluntarios” de las Naciones Unidas.

Otros países

Unos cuantos países de América Latina han optado por señalar la fecha de celebración del día del Cuerpo de Bomberos o Día del bombero coincidiendo con la creación o fundación del primer cuerpo de bomberos de su nación. Es el caso de Colombia (11 de noviembre), Cuba (13 de noviembre), Chile (30 de junio), México (22 de agosto), Perú (5 de diciembre) y Uruguay (27 de octubre). Otros países han fijado esta celebración coincidiendo con la fecha de un gran siniestro u otro acontecimiento, e incluso algunos no tienen fecha fija en el calendario, como República Dominicana donde se celebra el segundo domingo de marzo. Algunos cuerpos de bomberos americanos celebran también la festividad de su patrona la Virgen de la Merced, como Nicaragua, República Dominicana y Chile.

En los países europeos también hay variadas celebraciones en función de su tradición religiosa. En Francia festejan el 4 de diciembre a Santa Bárbara, que también es patrona de algunos otros países sudamericanos como Costa Rica y Honduras.

En España

En España se celebra desde hace más de 70 años la festividad de San Juan de Dios como patrón de los Cuerpos de bomberos. San Juan de Dios fue una imposición franquista como Patrón de todos los Cuerpos de bomberos españoles por decreto del gobierno de Franco en 1953. En el BOE nº183, con fecha 2 de Julio de 1953, se publicó la oficialidad de SAN JUAN DE DIOS como patrón de los Cuerpos de Bomberos.

A partir de ese momento el 8 de marzo fue el patrón oficial, sin discusión: la fiesta, como dice el BOE, para honrar a su patrón. Algunos, además del patrón oficial, tienen patrona religiosa como Bomberos de Madrid que honra a la Virgen de la Paloma.

En una España cada vez más laica se debería reflexionar sobre la celebración de la fiesta anual y el patronazgo de los servicios de bomberos.

Una propuesta alternativa

Teniendo en cuenta el avance de la laicidad de la sociedad española, quizás se debería revisar la celebración de San Juan de Dios como patrón religioso de un servicio público. Aunque la presión de los gobiernos, poderes y partidos políticos de corte demócrata cristiano es muy fuerte, cada vez se expresan con más fuerza las voces de los defensores de un estado laico y aconfesional para que su derecho a la laicidad no se vea sometido por las tradiciones religiosas inmutables.

Aunque se van produciendo algunos avances en laicidad, todavía hoy, muchas celebraciones incluyen misas católicas en el interior de las instalaciones públicas vulnerando la neutralidad y no adscripción religiosa de los poderes públicos.

Quizás lo correcto fuese encontrar una fecha de consenso, no para celebrar tal o cual santo, sino el Día de los servicios de bomberos y puede resultar oportuno sumarse al Día Internacional del Bombero, el 4 de mayo.

Ventajas del día del bombero el 4 de mayo

  •  Se trata de celebrar “el día del bombero” estrictamente vinculado a la actividad de Bomberos y Emergencias y no de honrar a un santo patrón religioso.
  • Es una festividad laica y aconfesional, aunque no hay que olvidar que la fecha coincide con San Florián.
  • Celebra una efeméride internacional lo que nos aproxima y nos une a la gran familia bomberil del mundo.
  • No coincide con otra celebración popular como ocurre con el 8 de marzo, el “Día internacional de la mujer trabajadora”, muy consolidada, que ha restado gran protagonismo social a la fiesta de los bomberos.
  • El clima primaveral del 4 de mayo, en nuestras latitudes, es muchísimo mejor que el invernal del 8 de marzo, lo que propiciaría un mayor desarrollo de las actividades festivas realizadas al aire libre, como las jornadas de puertas abiertas en los parques de bomberos, permitiendo una mayor participación social.

Es muy probable, que este cambio sea positivo para todos y que algún día se haga realidad, aunque modificar tradiciones suele ser una tarea ardua. A ver quién da el paso y es el primer servicio que lo celebra. Una opción podría ser empezar a celebrar oficial e institucionalmente el día 4 de mayo, y que los católicos y los nostálgicos mantengan sus ritos religiosos el 8 de marzo en honor a su patrón.

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