Transcribo aquí, de forma no literal, una de las muchas conversaciones que mantuve la semana pasada sobre la crisis del hantavirus.
—¿Lo del hantavirus fue un caos, verdad?
—Sí, sin duda, todo lo ocurrido en torno al hantavirus en el crucero MV Hondius se ha calificado así, mira las noticias. Y, en cierto modo, aún se sigue haciendo en determinados foros y tertulias.
—Entonces, si fue un caos, entiendo que hubo desorganización y anarquía en la respuesta operativa; es decir, que la solución no fue adecuada y se generó desconcierto entre quienes debían gestionar el suceso.
—Sí y no. Hubo confusión, ruido y desconcierto alrededor del episodio, pero no necesariamente en la gestión técnica de la crisis, que, en mi opinión, activó y desarrolló su plan de acción de forma correcta y ordenada.
—Entonces no lo entiendo: ¿se actuó bien y, al mismo tiempo, se generó caos?
—Exactamente. Y esa aparente contradicción tiene explicación.
La explicación
Te cuento: En las grandes emergencias o situaciones críticas, el caos puede desarrollarse, al menos, en tres ámbitos.
- El tiempo de transición entre el suceso y la activación plena del sistema de respuesta
Existe un sistema de respuesta diseñado para atender cualquier emergencia, adaptable a cada circunstancia, organizado y sostenido por profesionales que conocen bien su función. Sin embargo, ese sistema necesita un tiempo, que no siempre es breve, para ajustarse a lo que está ocurriendo.
Dicho de otro modo, nadie sabe de antemano qué va a suceder exactamente, dónde ocurrirá, a qué hora ni con qué intensidad. Pero el sistema debe responder de forma organizada y en el menor tiempo posible. Y ese tiempo, inevitablemente, no es cero.
Por eso, en toda gran emergencia existe un período inicial de transición y adaptación durante el cual la organización escala su respuesta hasta consolidar plenamente la gestión del incidente.
- La percepción pública y la construcción mediática del caos
A ese período inicial, cada vez con más frecuencia, los Medios lo llaman “caos”. Aquí entra en juego un segundo plano: la comunicación a la ciudadanía.
Un viejo aforismo sostiene que, si los medios de comunicación definen una situación como caótica, esa percepción acaba imponiéndose. Los medios son, sin duda, esenciales para informar a la sociedad. Sin embargo, en muchos casos, la información periodística ha sido desplazada por un modelo basado en el debate permanente: opiniones enfrentadas, tertulias instantáneas y juicios inmediatos.
Ya no siempre predomina la descripción de lo ocurrido, sino la confrontación interpretativa. A ello se suma lo que circula en redes sociales, donde la desinformación, la exageración o la simplificación pueden amplificar aún más la sensación de desorden.
Hasta ahí, esa percepción podía sobrellevarse, aunque con relativa dificultad. El problema se agrava cuando aparece un tercer ámbito.
- La confrontación política
El tercer espacio en el que se desarrolla el caos es la confrontación política mientras la emergencia sigue en curso. Nunca antes se había visto con la intensidad que hoy alcanza.
Conviene recordar que la Ley 17/2015 del Sistema Nacional de Protección Civil establece, en su artículo 3.2, que las actuaciones del sistema deben regirse por principios como la colaboración, la cooperación, la coordinación, la solidaridad interterritorial, la subsidiariedad, la eficiencia, la participación, la inclusión y la accesibilidad universal.
Cuando, en plena emergencia, el debate político se convierte en bronca pública, esa confrontación es recogida de inmediato por los medios y trasladada a la ciudadanía. El resultado es una población que acaba sin saber si la situación se está gestionando bien o mal, si quienes dirigen técnicamente la respuesta saben lo que hacen o si las medidas adoptadas son las correctas.

Mi visión en resumen
Sinceramente, me resulta llamativo que una operación que, por lo que he observado, se ha desarrollado con niveles técnicos y organizativos razonablemente adecuados genere, en la opinión pública, un desconcierto tan grande como para provocar incluso manifestaciones en la calle con pancartas.
La discrepancia política me parece legítima; forma parte de la vida democrática. Pero, durante la emergencia, debería prevalecer un principio básico: primero resolver, después depurar responsabilidades. Si ha habido, y seguramente las ha habido, deficiencias en la comunicación, en la información o en la gestión, deben analizarse y corregirse, y, en su caso, exponerse públicamente una vez finalizado el episodio.
Todo lo anterior puede aplicarse a muchas otras situaciones recientes en las que han coincidido esos tres ámbitos del caos con sus correspondientes espacios de responsabilidad para evitarlo. Los resumo:
- El técnico, mejorando procedimientos y corrigiendo errores a partir de las lecciones aprendidas.
- El mediático, procurando que, en plena crisis, la información técnica veraz prevalezca sobre la tertulia inmediata y el debate enfrentado.
- El político, respetando los tiempos de cada fase: primero cooperar en la resolución; después, exigir explicaciones o responsabilidades.

La no existencia o la opacidad en las comunicaciones entre los diferentes actores en una emergencia, provoca que la opinión pública ejerza su derecho último a la pataleta.
Auditoría, trazabilidad de las tomas de decisiones y actividades desarrolladas por los servicios de emergencia, son los elementos clave para justificar a los ciudadanos que se cumplió correctamente con el Plan de Emergencias.
Si durante la emergencia alguna información puede clasificarse como confidencial, una vez finalizada debe ser pública.
Olvidamos que la Soberanía es del ciudadano, no de esos pocos que nos gobiernan pensando en su interés económico, político y penitenciario.
Miguel, no puedo estar más de acuerdo contigo, pero hay circunstancias que pueden impedir que la información no sea trasladada con inmediatez que a veces se exige.
Es probable que haya informaciones que aunque no sean confidenciales no haya capacidad de retransmitir en directo. La misión de los serviicos publicos de emergencia es actuar y resolver el problema, no contar lo que se está haciendo. No hay medios para ello. No todos los servicios tienen portavoces y casi nunca se dipone de personal cualificado para reportar enseguida todo lo relacionado con la intervención.
Pero, tan pronto como se pueda los servicios públicos tienen la obligación de exponer con pelos y señales todo lo concerniente a la intervenciosn que no esté protegido por alguna Ley.
Desgraciadamente las Leyes de transparecia son papel mojado cuando se trata de informar a los ciudaddos que exigen datos. Existe un sentidio patrimonialista de la información por parte de sevicios públicos, políticos y funcionarios, y no digamos por parte de los estamentos policiales. Dato que cae en manos de un cuerpo policial se convierte automáticamente en secreto, y los servicios sanitarios llevan el mismo camino. La transparencia de la administraciones son una broma de mal gusto para la ciudadanía y una barrera insalvable, pues realizada la pregunta por el ciudadano a cualquier portal de transparencia le puden contar cualquier perogrullada inconsistente sin ninguna responsabilidad para el respondedor anónimo pues nunca firman la respuesta, ni hay forma de exigir responsabilidades por el maltrato reciibido por no respondee a lo solicitado.
Dices bien que la soberania de la información es del ciudadano. Por supuesto, los hechos ocurridos en las emergencias son públicos, intervienen servicios públicos con medios públicos y empleados públicos, pagados por fondos públicos. Los datos no son propiedad de los gobiernos o las administraciones, quienes son tan solo depositarias de toda la información que han recabado y que deberían trasladar automáticamente, sin reservas, a sus propietarios que son los ciudadanos. ¡Es su obligación!
Hay muchos problemas en España a la hora de afrontar una situacion que requiere una intervención rápida.Pero a la vez de rápida y organizada debe ser optimizada en la mayor cantidad posible.El enfrentamiento político a tomado unos tintes en los en los que la población normal no se entera de la realidad de la situación, solo de la bronca de los políticos.Estomponeben duda de si quien debe dirigir una situación de emergencia debe ser un político o un técnico especialista. Lo que no cabe duda es la buena intencionalidad de los intervinientes participantes , para llevar a buen termino la situación. Pero luego tenemos a la prensa que nos muestra fotos, donde vemos auténticas Chapuzas de las situaciones. Me refiero a cámaras y fotógrafos sin trajes epi, junto a intervinientes, y luego a los representantes del gobierno hablando de felicitaciones y a la ciudadanía viendo estás fotos y preguntándonos , si este gobierno nos toma por imbéciles y no vemos la realidad de la situación.