Venimos de una temporada convulsa, que ha propiciado multitud de sucesos de gran envergadura (Covid, erupción en La Palma, incendios forestales, inundaciones, vientos, etc.), en los que la capacidad de adaptación, el conocimiento y la pericia han sido puestos a prueba a multitud de servicios y administraciones. Seguro que no se hizo todo mal pero seguro que no se hizo todo bien. No seré yo el que critique nada sin el conocimiento preciso de en qué condiciones se tomaron cada una de las decisiones y por ello me caen fatal los y las que, después de visto el resultado, despellejan a alguno sobre lo que debía de haberse hecho.
Análisis de las actuaciones y aprendizaje
El gran problema de este tipo de sucesos es la diversidad de actuantes que intervienen y los distintos niveles de decisión que tiene cada uno de ellos. Unas personas no son técnicos en la materia, pero tienen que decidir, otros son especialistas de una cosa, otros de otra, en fin, ya conocéis la cuestión. Pero como de todo se aprende, especialmente de los errores, siempre se sacan conclusiones positivas para las siguientes ocasiones. ¿Siempre? Bueno no, no siempre se hacen reuniones para un análisis profundo y completo para sacar “lecciones aprendidas”. Va a ser que no. Se cierran los sucesos con algunas conclusiones parciales, pero sin realizar el análisis del conjunto. ¿Siempre? No, en ocasiones se hace bien. ¿En todos los sitios? Bueno, esto va en la naturaleza humana. Por ello quien afirme aquello de “en mi servicio, ciudad o Comunidad se hace siempre bien” debe hacérselo mirar y preguntar a alguno de confianza de su alrededor y confirmar que lo hecho era mejorable. Cuidado, no nos vaya a pasar como en el cuento de Andersen, “El traje nuevo del Emperador”, habitualmente denominado “El Rey desnudo”. Pero tampoco hay que pasarse con ser “Pepito Grillo” no vaya a querer alguien pisar al grillo. Todo tiene su medida y su momento.
A mi juicio la no realización de verdaderos análisis críticos se debe a cuatro razones, aunque seguro que se os ocurren algunas más. Son las siguientes:
- El miedo escénico a que alguien utilice el análisis para aprovecharse de los errores en beneficio propio o para el desgaste ajeno. Los medios de comunicación y la política suelen estar de por medio en estos casos. En esas ocasiones siempre hay alguien que dice que “lo mejor es no revolver”, por si acaso.
- El intento corporativo en que nadie quede especialmente mal y por ello se huye de realizar los análisis. Es curioso cómo se justifica a veces una mala coordinación, planificación o falta de prevención con el “se ha dado todo, han arriesgado su vida, etc.”. El heroísmo en la intervención a veces lo tapa todo.
- La falta de contacto y práctica con otros servicios sobre la gestión del análisis a posteriori, que muchas veces se convierte en un cruce de acusaciones entre los intervinientes, que hace que las reuniones fracasen.
- El desánimo entre quienes, sabiendo la importancia que tienen estos análisis, han renunciado a ello por haberse estrellado en alguno de los casos anteriores.
No, no voy a seguir con el artículo explicando sobre cómo se hace bien un análisis crítico. Quienes estáis compartiendo ahora esta reflexión lo sabéis. ¿Entonces a qué viene el comentario? Lo explico.
Un ejemplo
Veía la semana pasada una serie en Netflix titulada “La Gran Inundación”, que trata sobre las grandes inundaciones de Polonia en 1997, con el duro balance de 56 personas fallecidas y donde más de 40.000 personas lo perdieron todo. Las pérdidas económicas globales se cifran en algunos medios en 4.500 millones de dólares. Según leo, fue el mayor desastre ocurrido en Polonia tras la segunda guerra mundial.
¿Y?
Pues, tras finalizar el último de sus seis capítulos me quedé absolutamente perplejo. Me quedé perplejo porque es una serie que tiene una característica curiosa, no hay héroes ni heroínas, todo el mundo que sale, con alguna responsabilidad, hace algo mal. Perdón, algunas personas lo hacen muy mal.
Recomendación
Antes de seguir diré que no tengo comisión ni me hacen descuentos, pero la recomiendo para todas aquellas personas que están o hemos estado en este mundo de las grandes emergencias. Pero si no puedes verla o simplemente no te apetece, me vale con que recuerdes que, en dicha serie:
“Todos los personajes con alguna responsabilidad, técnica o política, hacen algo mal”.
Un suceso cercano
Hace pocos días veíamos con horror cómo morían aplastadas más de 150 personas en una
avalancha humana en Seúl. No ha pasado mucho tiempo para que la policía reconozca públicamente “fallos en el dispositivo de seguridad” y ha lamentado que “no pudieran anticipar la tragedia”. Así mismo el presidente surcoreano destacaba que lo más importante era determinar las causas y prevenir incidentes similares.
Por mi parte sólo puedo añadir eso de que “a ver si es verdad”.
Poco más tengo que decir sobre Seúl ya que “no he caminado con sus mocasines”, pero creo que debemos reconsiderar con mayor frecuencia el aprendizaje y el reconocimiento de aciertos y errores en todo tipo de incidentes, ya que ayudan a mejorar.
Por ello simplemente quiero recordar que:

Venga, ánimo, el esfuerzo merece la pena. Este es un trabajo que se aprende al caminar.