ES-Alert: entre la alerta urgente y el aviso defensivo

No quería escribir otro artículo técnico y descriptivo sobre qué es ES-Alert, sino contar cómo estoy viendo su funcionamiento. Así que permitidme representar dos posiciones ante una posible emergencia. Los personajes y las situaciones son ficticios, por supuesto; cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.

En el coche
Soy un particular que va, con cierta prisa, en el coche. De pronto, mi teléfono emite un pitido fuerte: no es una llamada ni un mensaje de redes sociales, ¡es el ES-Alert! ¿Qué hago? ¿Busco rápidamente un lugar seguro para parar y leer el mensaje o continúo el viaje y lo consulto cuando llegue al destino?

Mi respuesta dependerá de la confianza que el sistema me haya transmitido en ocasiones anteriores. ¿Estoy ante una emergencia real e inminente que exige actuar ya o ante otro recordatorio preventivo de carácter general? Dicho de forma más directa: ¿paro porque creo que es urgente o sigo porque tengo prisa y puedo leerlo más tarde? La credibilidad que conceda al sistema marcará mi conducta, y esa credibilidad dependerá de cómo hayan sido los mensajes anteriores.

En su momento se lo pregunté a un amigo experto en emergencias, y fue contundente: ES-Alert no es otro boletín informativo. Su razón de ser es conseguir que quien se encuentra ante un riesgo grave haga algo concreto: evacuar, confinarse, evitar una carretera o desplazarse a una zona segura. Por eso me recomienda parar siempre en un lugar seguro y leer el mensaje. Yo, sin embargo, sigo teniendo dudas. Lo que veo no siempre encaja con ese propósito y, por momentos, parece alejarse de la función para la que se desarrolló: ser el último y más personal de los sistemas de aviso, capaz de advertirme de una emergencia sin que yo me haya dado de alta en ningún sitio ni nadie conozca mi posición exacta.

Mi amigo me explica que esto funciona mediante las celdas de los repetidores. Mi teléfono está “enganchado” a una de ellas y, como el sistema sabe dónde se encuentra el repetidor, puede enviarle un mensaje que recibirán todos los móviles conectados. Es decir, ni Protección Civil ni el repetidor saben exactamente dónde estoy o qué hago; saben que estoy dentro de una zona de cobertura concreta, y es a esa zona a la que mandan el aviso.

El sistema me parece increíble, pero le veo dos dificultades. La primera es técnica: puedo estar bajo la cobertura del repetidor, pero fuera de la zona de peligro, y aun así recibiré el mensaje. La segunda tiene que ver con la confianza: por lo que he visto en ocasiones anteriores, empiezo a sospechar que el sistema se utiliza como un aviso defensivo, no tanto para proteger como para que las personas responsables puedan decir después que alertaron.

En conclusión, si paro y miro, puedo encontrarme cualquier cosa. Lo sé, pero mi amigo insiste en que el mensaje puede salvarme la vida.

Decisión tomada: buscaré un sitio seguro para parar. Solo espero que esta vez la urgencia del mensaje esté a la altura del pitido.

En el Centro de Coordinación de Emergencias
Soy una de las personas responsables de Protección Civil. Tenemos un aviso por lluvias intensas y ya hemos difundido las alertas por los canales habituales: redes sociales, aplicaciones especializadas, notas de prensa y comparecencias ante los medios. Entonces aparece la duda. ¿Mandamos el ES-Alert? Si no lo hacemos y finalmente llueve con fuerza, las críticas de la oposición y de los medios pueden ser importantes. Si además se producen daños y el mensaje no llegó a tiempo, nuestra decisión podría acabar examinada retrospectivamente, incluso en una investigación judicial, con información que ahora no tenemos. En cambio, si enviamos el aviso con mucha antelación, siempre podremos decir que alertamos a tiempo. La crítica será menor si nos precipitamos que si nos quedamos cortos, aunque el aviso resulte excesivo y finalmente apenas ocurra nada. En voz baja, alguien termina formulando la idea incómoda: el mensaje no solo puede servir para alertar, sino también para defendernos de futuras exigencias de responsabilidad. Yo ya avisé.

Por otro lado, el equipo técnico me recuerda que, en una emergencia, avisar tarde puede costar vidas; pero alertar siempre, ante cualquier posibilidad, sin precisar la zona afectada y mediante el canal más intrusivo, también tiene un precio: erosiona la credibilidad. Y la credibilidad también salva vidas. Dicho de otra forma, si dejamos de creer en el sistema, este se vuelve inútil. Es la historia que nos contaban de pequeños: «¡Que viene el lobo!».

Es la paradoja de ES-Alert, una herramienta extraordinaria cuya eficacia depende tanto de su potencia tecnológica como de la confianza de quienes reciben el mensaje.

El criterio técnico
Lo he llamado “criterio técnico”, pero lo que expongo es mi opinión y la de algunos colegas, yo diría que muchos y muchas, aunque no deja de ser una opinión.

Parece obvio que la razón de ser de ES-Alert no es dejar constancia de que se avisó, sino inducir una conducta concreta frente a un peligro grave: evacuar, confinarse, evitar una carretera o desplazarse a una zona segura.

Todos y todas tenemos presente la experiencia de la DANA de Valencia, pero esa experiencia no debería llevarnos a alertar para cubrir responsabilidades, sino a mejorar la vigilancia, la decisión y la comunicación. Tampoco deberíamos normalizar la excepcionalidad en acontecimientos planificados. Cada canal, información, prealerta o alerta, debe elegirse según la conducta que la población necesita adoptar.

En definitiva, la cuestión no es solo cuándo puede enviarse un ES-Alert, sino para qué debe utilizarse. Si cada aviso pide una conducta concreta, llega con tiempo útil y responde a un riesgo suficientemente delimitado, el sistema conservará lo que más necesita para funcionar: nuestra atención y nuestra confianza.

¿No es fácil, verdad?

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