Peligro y riesgo no son sinónimos

En varios artículos he tratado la diferencia entre peligro y riesgo y sigo observando en foros especializados que muchos profesionales de la seguridad confunden ambos términos y los utilizan como sinónimos, por lo que considero necesario volver a tratar sobre esta confusión.

Autor: Javier Larrea. Presidente del Observatorio de Prevención de Riesgos y Accidentes
Publicación: Web OPRA www.opra.info • 28 de septiembre de 2026

Incluso los autores de algunos posts en LinkedIn le quitan importancia a su error alegando que lo verdaderamente importante es el mensaje preventivo que proponen y no la forma en que se expresan.

No lo considero así, y no creo que un buen gestor de riesgos pueda confundir peligro con riesgo. Yo no me fiaría de un/una médico que confunda cáncer con metástasis, o esqueleto con aparato locomotor, o anatomía con fisiología, aunque puedan ser confundidos por un profano. La primera obligación de un profesional es utilizar el léxico con propiedad y precisión.

¿Gestión de Riesgos o del Riesgo?

A veces se analiza el concepto de riesgo de una forma abstracta, basándose en un concepto general del riesgo desde una pretendida definición sintética. Pero, esto no suele ser fácil, hay un error en esta interpretación; los riesgos son muy diferentes unos de otros. No son iguales los riesgos que se presentan de forma intempestiva que otros que lo hacen de forma gradual; no es igual un riesgo perceptible como una erupción volcánica, que una fuga radiactiva invisible de una central nuclear; no es lo mismo el riesgo de explosión de una industria química, que los riesgos derivados de un crack financiero. Por ello, los riesgos no se deben estudiar en su totalidad de una forma general, hay que hacerlo de forma particularizada a partir del peligro del que derivan. Lo primero es identificar el peligro, cada peligro. Como ya hemos visto para algunos de los términos que se usan en la seguridad y en la prevención de accidentes, los riesgos como las seguridades tienen nombre y apellidos. Los adjetivos que podamos poner al riesgo (riesgo de incendio, riesgo nuclear, riesgo laboral, etc.) son los que califican sus características y nos ayudan a definirlo a partir del peligro del que proceden. Cada riesgo ha de tener su propia definición para que tenga su percepción social e individual (personal) específica. Y desde una perspectiva profesional cada peligro, cada riesgo requiere una gestión diferenciada.

Un ejemplo

En la mayor migración de mamíferos del planeta también se suele confundir peligro con riesgo: los ñus siguiendo las lluvias en África central para cruzar el río Mara en busca de zonas de pastos nos puede servir de ejemplo. Más de un millón de ñus que se acercan en manadas a las orillas han de cruzar el río. En el agua les están esperando un buen número de cocodrilos a los que temen y por ello retrasan el momento de cruzarlo. Saben que los 3.000 cocodrilos del río son un peligro que tienen que afrontar pues han de cruzar al otro lado para sobrevivir. Lo que probablemente ignoren los ñus es que al cruzar el río hay otro peligro: pierden la vida unos 6.200 entre el viaje de ida y vuelta, pero más de la mitad mueren ahogados. Y los cocodrilos apenas comen el 2 o 3% de estos antílopes africanos. Un estudio científico de 2017 trataba de los efectos de la migración y la sostenibilidad y equilibrio de las especies comprometidas en este fenómeno migratorio y no de los riesgos, pero me sirve para identificar el peligro de cruzar el río, que no es solo el de ser cazado o devorado por los cocodrilos para los ñus, cebras y otros herbívoros que cruzan el río, sino también para considerar el peligro de perecer ahogado o de ser herido por la masa de congéneres que se acumulan en los taludes de las orillas y perder facultades físicas que le harán vulnerable ante los grandes felinos que les esperan fuera del río. Recordemos que el riesgo es una probabilidad y por lo tanto se puede cuantificar. El peligro es un concepto y el riesgo es un número. En cuanto al riesgo, con los datos que nos proporcionan los autores del estudio, si de 1.200.000 ejemplares mueren 3.100 en cada paso del río resulta una tasa de 2.583 pérdidas de vidas por cada millón de ñus. Sin duda una masacre. Y si lo calculamos por años (dos cruces del río anuales, pues van y vuelven) resultará una tasa de 5.166 muertes por millón; es un índice elevadísimo para la especie, aunque parece ser que necesario para el equilibrio ecológico.

Por comparar con nuestros accidentes de tráfico anuales, en España tenemos una tasa de morbimortalidad de alrededor de 37 muertes por millón de habitantes, nada que ver con la tasa de más de 2.500 por millón entre los ñus.

Para referirnos con propiedad a este fenómeno, no es correcto decir que el riesgo de los ñus son los cocodrilos que les esperan o que tienen riesgo de ahogamiento, los cocodrilos son los peligros que acechan al paso del río. Cruzar el río es por tanto una actividad o una acción peligrosa y el riesgo es ese número, esa cantidad que hemos calculado con los datos que nos han ofrecido, que nos informa de la probabilidad de morir en el intento (0,26%); el riesgo es esa cuantificación.

Reglas de gestión del riesgo

Hay unas cuantas maneras de abordar a la gestión del riesgo, dos de ellas son conocidas como la Regla de la 4T (cuatro tés), que fue objeto de otro artículo y hay otra menos conocida que también lleva como nombre el apelativo del acrónimo Regla de las 4P (cuatro pés) y que trataré en un próximo artículo.

El artículo de hoy tiene como objeto reforzar esa diferencia conceptual entre peligro y riesgo que cualquier profesional de emergencias y de seguridad debe conocer y aplicar.

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Author: Redaccion_OPRA

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