Este artículo sobre incendios forestales que escribí hace casi una década se ha puesto rabiosamente de actualidad pues recoge los fallos de diseño del modelo español. Lo replico tal cual, sin retoques*.
Este es un asunto que considero estratégico en los servicios de emergencia españoles: la lucha contra incendios forestales –LIF–. Realizo unas cuantas disquisiciones sobre el “modelo español”, el más caro de Europa. Resulta curioso comprobar que las CCAA más pobres han optado por la solución más cara. ¿Por qué será?
Cuando se habla de incendios forestales –IIFF–, cada vez es más frecuente oír la terminología: Interfaz urbano forestal -IU-F-, preocupándose por las personas que habitan este entorno. Esto podría querer decir que nuestra sociedad está evolucionando y se empieza a pensar de una manera diferente, con una perspectiva más global que como se pensaba hasta hace pocos años en relación a los incendios forestales, que era algo limitado a la quema del monte, su vegetación, sus bosques. Si esto es así, ha llegado también el momento de cuestionarnos el modelo de respuesta de algunas CCAA a las emergencias en este ámbito.
En realidad, desde la visión que hemos tenido los servicios de bomberos tradicionales, nuestras preocupaciones en el ámbito rural, en el interfaz periurbano, además del incendio forestal han sido más generales: siempre en primer lugar la seguridad de las personas. Nunca he llevado bien la idea de que en España alguien haya podido diseñar un modelo de respuesta a una emergencia en que su competencia se restringe a la extinción del combustible forestal y en el que las personas no son cosa suya. Tengamos en cuenta que el Ministerio de Medio ambiente del gobierno español define los incendios forestales “como el fuego que se extiende sin control sobre combustibles forestales situados en el monte”; claro que los gobiernos son entes abstractos que no escriben definiciones, ni acotan conceptos, son las personas que influyen ante los gobiernos los que obligan a estos a escribir determinadas frases en el BOE. Creo que en España se ha llevado al Estado, de forma interesada, a implantar un modelo de extinción de incendios forestales muy basado en el sistema de los Estados federales de América para los bosques de su propiedad y es lo que critico en este artículo.

Modelo USA de incendios forestales
Estados Unidos tiene un extraordinario servicio forestal federal para atender sus bosques y praderas y parques naturales y también unos servicios estatales similares en muchos de sus Estados, tienen gran experiencia y capacidad en la gestión de grandes incendios forestales de los que se puede aprender mucho.
Veamos algunos datos de Parques naturales de Estados Unidos:
El parque Yellowstone cubre 8.987 kilómetros cuadrados. Más grande que la provincia de Almería; el de Yosemite de 3.120 kilómetros cuadrados, como la provincia de Sta. Cruz de Tenerife; (las islas de Tenerife, La Palma, Gomera y Hierro juntas); el del Gran Cañón con casi 5.000 kilómetros cuadrados es más grande que todas las islas Baleares juntas, mayor que la Comunidad de La Rioja; y el de los Everglades, en la Florida de 5.560 kilómetros cuadrados, es mayor que Cantabria.
Además, en USA existen explotaciones forestales privadas de tamaño superior al de algunas provincias españolas y sus propietarios son responsables de la extinción de incendios forestales en su territorio. No voy a cuestionar su modelo diseñado para su gran nación (casi 20 veces la superficie de España), pero se ve que los tamaños y proporciones en USA no son comparables con los de España.
Los aciertos en España
Durante décadas los diversos responsables de la Administración del Estado español con competencias en esta materia –Agricultura, Montes, Medio Ambiente- tomaron como referencia el modelo norteamericano de los Estados Unidos de lucha contra incendios forestales –LIF- de los grandes parques naturales y han intentado aplicarlo en España(1) obteniendo grandes avances desde la administración del Estado, cuando no había otra. Hemos de reconocer grandes logros como la creación de las BRIFS, los manuales de formación que han servido a todos los bomberos de España –ya sean municipales, urbanos, provinciales o forestales-, además de contar con unas fiables estadísticas nacionales casi inigualables en materia de incendios forestales.
Y es innegable que los avances en las últimas décadas en materia de incendios forestales en España han sido numerosos. El sistema, que tenía su lógica para la administración del Estado español, ha sido eficaz y ha supuesto una gran modernización, hay que reconocerlo, aunque escandalosamente ineficiente(2) desde que se crearon los servicios de incendios forestales en las CCAA.
Los errores
No nos equivoquemos, el modelo de los Estados de América es para los bosques de su propiedad que no debemos confundir con los de su territorio, sin embargo, el modelo de las CCAA en España no es para los bosques de su propiedad sino para aplicar en su territorio, o sea, nada que ver el modelo con la copia. El error principal no está en la copia del modelo federal de USA que tiene muchas cosas buenas, sino en su aplicación en España después de la descentralización del Estado en la década de los 80, creando, ingenuamente o interesadamente, nuevos servicios de extinción de incendios forestales en las CCAA, donde ya había bomberos públicos, creando una duplicidad, que el tiempo demostrará, innecesaria, absurda e insostenible.
Los principales errores que yo aprecio son:
1.- España no es USA. España es Europa y se parece a Europa.
2.- La exclusividad de la competencia de la LIF para un “cuerpo especialista” excluyendo a los demás servicios de bomberos de esa tarea.
3.- La atribución corporativa de la dirección de la extinción de incendios forestales a los ingenieros de montes(3).
4.- La restricción de las competencias de extinción de incendios al combustible forestal no interviniendo cuando hay inmuebles o personas afectadas por los incendios forestales.
5.- La escasa interacción entre los servicios de montes, protección civil y los bomberos convencionales.

Spain is different
España es diferente y necesita un modelo diferente del modelo federal de USA. Creo en el Sistema Europeo de Bomberos, es decir el del modelo del bombero integral, bombero único o bombero polivalente. Es un buen modelo, del cual tenemos ejemplos en España: Cataluña, Madrid, Navarra y Valencia son una buena muestra a tener en cuenta, donde la competencia de la extinción de incendios forestales corresponde a sus Servicios de bomberos públicos. Si se comparan los gastos de estas comunidades con bomberos polivalentes con las de las Comunidades que tienen dos tipos de bomberos, unos para las personas y otros para los bosques, se verá que estas últimas derrochan mucho más dinero.
En algunas CCAA el gasto es absolutamente escandaloso teniendo en cuenta que con estos recursos económicos se podrían reforzar los servicios de bomberos públicos existentes ahorrando muchos millones de euros a los contribuyentes. Como ejemplo de este despilfarro se puede mencionar que en el año 2010 la Comunidad de Castilla-La Mancha contó para la LIF con un presupuesto de 118 millones de euros y un dispositivo humano de 3.000 personas, mientras que los servicios de bomberos de ayuntamientos y diputaciones, de toda la comunidad, tenían un presupuesto total de 62 millones de €, y una plantilla de 1.189 personas(4). Sorprendente: los servicios de bomberos de ayuntamientos y diputaciones de Castilla-La Mancha atienden durante todo el año la seguridad de más de 2 millones de habitantes, con la mitad del presupuesto y con la tercera parte del personal que la Junta atiende la vegetación de su territorio. Y nadie se sonroja.
Llama la atención que los gobiernos de algunas de las CCAA que más descuidada tienen la protección contra incendios y emergencias de sus ciudadanos son los que más se gastan en la protección de sus árboles y arbustos. Hay algunas cuestiones que no resisten un análisis serio, y menos en tiempo de crisis y recortes económicos, y esta es una de ellas(5).
BRIF: contingente especial
Cuando se producen grandes incendios forestales se requieren medios especiales muy costosos, especialmente aéreos, y de contingentes humanos especiales que se movilicen al lugar del incendio. Estos recursos no se los puede permitir cada comunidad autónoma por lo que tiene todo el sentido que pertenezcan al Estado y sirvan de apoyo a todo el territorio del Estado. Las BRIF, que han demostrado sobradamente su utilidad, juegan un gran papel al igual que la UME que es un recurso disponible y que no se ha de despreciar cuando se necesite.
La reserva corporativa de plazas (el monopolio)
Entre los ingenieros forestales hay magníficos profesionales como entre todas las titulaciones y ramas profesionales; los conocimientos adquiridos en su carrera les proporcionan una formación de partida adecuada como para poder prestar sus servicios en una organización de la LIF. No me cabe ninguna duda. Ojalá hubiese algún ingeniero forestal en todos los Servicios de bomberos que cubren áreas forestales y montes.
Está muy bien que las Leyes de Montes recojan desde hace años que “El director técnico de la extinción será un profesional que haya recibido formación acreditada específica sobre comportamiento del fuego forestal y técnicas adecuadas para su extinción”, es más, creo que es magnífico que la Ley conserve dicha exigencia, pero de ahí, a interpretar que quienes tienen esa “formación acreditada” son los ingenieros forestales hay un gran paso. Pretender que la LIF ha de ser dirigida exclusivamente por Ingenieros Forestales, basándose en que tienen conocimientos profundos sobre material combustible y su entorno, es un determinismo que nos llevaría a colegir que para extinguir un incendio en una industria hay que ser ingeniero industrial o que para responder a los incendios en una biblioteca hay que ser bibliotecario.
La dirección de incendios forestales es una actividad compleja en la que hay que dominar muchas técnicas: es sin duda una materia interdisciplinar y no ha de ser, por principio, monopolio de ninguna titulación académica. La dirección de la extinción de incendios forestales, como la de todos los demás incendios, consiste principalmente en la gestión de recursos operativos en relación con el entono y las circunstancias.
La DGPCE ausente
La Dirección General de Protección Civil y Emergencias debería haber tomado cartas en este asunto: estudiarlo y posicionarse por encima de los intereses económicos y corporativos. La DGPCE ha de tener la obligación de orientar las políticas de atención en emergencias en la línea más eficiente, en vez de mirar para otro lado como hace siempre en las cuestiones importantes.
Algunas comunidades autónomas tienen más presupuesto anual, gastan más dinero en las brigadas de LIF para proteger los montes que para proteger a todos sus habitantes y patrimonio. Alguien debería decírselo. Parece que los políticos han confundido el mensaje de atención a las emergencias.
Aunque España está entre los países más industrializados del mundo y tenemos una renta per cápita de 30.000$ que nos sitúa en el puesto nº 23 (2014), no hemos de despilfarrar recursos. Duplicar el servicio público de bomberos, crear un modelo diferenciado, exclusivo para la lucha contra incendios forestales es caro, hay que mantener una doble estructura de mandos, duplicar centros de coordinación y mando; doble sistema de comunicaciones, duplicar operativos, duplicar bases operativas, doble administración, etc. etc., y además complica la coordinación en las intervenciones. Todos los que han participado en una gran emergencia forestal saben que la descoordinación es uno de nuestros puntos débiles.
Un prestigioso colega americano, el jefe de bomberos Alan Brunacini, decía que lo peor ante una emergencia es no tener ningún plan y lo segundo peor es tener dos planes. Creo que, en España, en este asunto, tenemos dos planes.

Mis conclusiones
Creo que, si nos dejamos guiar por los principios de eliminar duplicidades en la administración, de perseguir servicios sostenibles y de evitar el derroche de los fondos públicos, estas conclusiones están al alcance de cualquiera:
- Que las funciones de extinción de incendios forestales deben ser atribuidas a los Servicios de Extinción de Incendios y salvamentos y de Protección Civil como ocurre en las CCAA más ricas.
- Que los sistemas de extinción de incendios forestales existentes se integren en un único servicio público de bomberos de un ámbito superior al municipal. No es una propuesta estrambótica, es algo que ya se hace en varias CCAA.
- Mejorar las condiciones de protección pasiva de los edificios y las viviendas que estén situados en zonas que puedan ser afectadas por los incendios forestales, distancias a combustibles forestales, y especialmente mejorando las condiciones de resistencia al fuego de todos los elementos exteriores de fachadas y cubiertas.
- Garantizar que todas las urbanizaciones enclavadas en entornos forestales tengan dos vías de evacuación alternativas.
- Realizar campañas de prevención de incendios forestales en el ámbito rural.
- Reforzar campañas de divulgación en las zonas de la interfaz urbano forestal dirigidas a la autoprotección, especialmente para que no adopten medidas de evacuación espontáneas al margen de la decisión de las autoridades.
- Además, se ha de potenciar el voluntariado en el ámbito rural, adecuadamente formado y equipado.
Deberíamos buscar entre todos una solución, si no urgente, definitiva. Y más barata, claro…
1) Atribuyo el desarrollo de este modelo al ingeniero de montes D. Ricardo Vélez Muñoz (1939), a quién todo el sector reconoce su paternidad y tutela. Ricardo Vélez, cuñado de don Manuel Fraga Iribarne desde 1964, accedió al Cuerpo Especial de Ingenieros de Montes del Ministerio de Agricultura en 1967 -cuando D. Manuel era Ministro de Información y Turismo con Franco- y posteriormente fue jefe de Área de Defensa contra Incendios Forestales de ICONA. Hombre de gran prestigio en el sector, autor del Manual de Incendios forestales, pocos o nadie, discutían su visión; fue un gran defensor de la figura del ingeniero forestal como director de la extinción de los incendios forestales.
2) Recientemente se han destapado los primeros casos de corrupción política relacionada con la extinción de incendios forestales y se han producido las primeras detenciones dentro de lo que algunos medios han titulado “El gran negocio de los incendios forestales” y que algunos estiman en un pastel de unos dos mil millones de euros, habiendo muchos que quieren entrar en el reparto. Las últimas informaciones judiciales hablan de que el sistema de corrupción de los incendios forestales de España se habría exportado a Portugal e Italia. Es un asunto complejo sobre el que apenas tengo conocimiento y prefiero no opinar de ello. Lo que sí sé, es que como en muchos otros asuntos de la emergencia nacional no hay autoridades responsables. Y parece cierto que España seguirá padeciendo la mitad de los incendios forestales de la Unión Europea.
3) Es un dislate –error, disparate o hecho sin sentido- que el colectivo de Ingenieros Forestales y de Montes, sus colegios profesionales y algunas parcelas de la administración en las que han conseguido poder e influencia en la extinción de incendios forestales hayan intentado reservarse en exclusiva la dirección técnica de la LIF y nos impongan el modelo de los Estados Unidos de América para tener más puestos de trabajo.
4) Informe “Evolución de los Incendios Forestales en España y de la situación de los trabajadores de prevención y extinción” elaborado por ISTAS-CCOO, en que se recogen los datos de los efectivos para la lucha contra los incendios forestales en 2008 y Estadística nacional de los servicios de bomberos elaborada por APTB con datos de 2010.
5) Me han contado que, en algunas CCAA, han utilizado este sistema y el presupuesto de los incendios forestales como un pseudo plan de empleo rural encubierto para dar cobijo y alojamiento a sus deudos y acólitos del pueblo y partido político; que se repartían los empleos de brigadistas forestales entre los partidos de los pueblos en proporción al porcentaje y número de concejales o escaños. Así, todos contentos.
* El tiempo transcurrido desde que fue escrito en 2016, ha podido producir algunos cambios en las realidades comentadas.

Buenos días,
Y lamentablemente, este artículo, sin voluntad política e inversión (real) en prevención, podrá ser de actualidad de aquí a otra década.
La climatología evoluciona, los fenómenos (y desastres) con ello, pero no así los modelos de prevención y extinción.
Por poner otro ejemplo, Marc Castellnou, Inspector de Bombers de la Generalitat de Catalunya, lleva años, muchos, indicando los peligros, los puntos fuertes, y hacia dónde debería dirigirse el modelo de prevención y extinción. Ni caso.
Yo no sé cuánto destina cada CCAA a la lucha contra incendios, pero si conozco que cada CCAA cuenta y dispone de medios dispares, mejor o peor tecnología, más o menos personal. Por mucho que las competencias recaigan sobre una administración concreta, sí debe existir un control sobre los medios disponibles, el tiempo de respuesta y sobre todo, como apuntas, incentivar el voluntariado y las brigadas formadas y equipadas en un territorio concreto, para dar esa rápida y eficaz respuesta.
Soy bombero voluntario en Catalunya, modelo que necesita actualizarse y sistema que debe dejar de menospreciar a las personas que nos involucramos desinteresadamente en la prevención y lucha contra incendios. Pero ese sería otro debate.
Gracias por el importantísimo trabajo divulgativo.
Buenas noches Javier.
Tu artículo sigue teniendo importantes dosis de actualidad.
Una precisión respecto a la exclusividad de los ingeneros forestales en la dirección de la extinción, personalmente he podido comprobar como a través de un Curso de Dirección de Extinción de Incendios Forestales del año 2000/2001 realizado en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de Montes de la Complutense en Madrid, un licenciado en Filosofía y Letras pudo ejercer de Director de Extinción.
En Asturias, hasta la llegada de la despoblación al medio rural, el fuego se ha utilizado como un elemento de ordenación del territorio, tanto es asi que en la practica totalidad de los 78 concejos que la conforman hay una localidad con el nombre de «Llames» (Llamas en castellano). Y son innumerables los topónimos repartidos por todo el territorio con el nombre de «Quemada», con ejemplos como los de la Quemada de Brañagallones o la Quemada de Raneu, majadas situadas en las estribaciones de la montaña conocida como Cantu l´Osu o Montaña del Oso, en Parque Natural de Redes. Todo el sur de Asturias, salvo un concejo esta declarado Parque Natural desde la década de los 90 del siglo pasado o Parque Nacional desde principios también del siglo XX, y el uso del fuego está prohibido. Los habitantes de las zonas rurales pueden solicitar que se hagan quemas controladas pero buena parte de las solicitudes no se llegan a hacer, principalmente porque cuando se van a ejecutar, las condiciones meteorológicas no lo permiten, aparte del dispositivo de medios necesario. También se pueden solicitar desbroces, menos condicionados por la meteorología, pero el combustible cortado queda sobre el terreno.
Curiosamente resulta que según un experto universitario, en España, entorno al 70 % de los incendios forestales más virulentos se producen en espacios naturales, véase el último de las Médulas en León. Ahora, otros expertos nos hablan de crear zonas especiales en los bosques, incluso utilizando el fuego para que sirvan de contención o cortafuegos en caso de incendio o sirvan de base protegida de apoyo para los medios de extinción en caso necesario. Primero no se podía quemar y ahora para lograr estas areas, si se puede, y ya se está haciendo en Cataluña. Pues muy bien, en Asturias tenemos, bueno teníamos más bien, estos espacios que son «les mayaes» o majadas con las cabañas de pastores por toda la cordillera, pero con el despoblamiento rural, salvo excepciones están desapareciendo.
La ingeniería de montes igual debería explicarnos porqué por una parte nos dicen a través de la normativa que hay que proteger las cabeceras de los ríos y porqué se fomentaron en muchos de estos lugares y desde la propia administración, ya desde la época del ICONA, el cambio de especies autóctonas de arbolado, llamense robles, abedules o castaños por pinos, por lo menos en importantes zonas de Asturias.
En fin, en el pasado reciente, en Asturias, los prados y los cultivos entorno a los pueblos constituían un importante cortafuego, hoy esas partes también forman parte del abandono, por eso es importante que todos los pueblos tengan buenas traidas de agua acompañadas de bocas de riego, al tiempo que entorno a los mismos, como si fueran una urbanizacion o una casa aislada en la interfaz urbano-forestal debería haber un mínimo de 50 m de terreno limpio a su alrededor. Ello debería completarse como Plan de Autoprotección de la localidad con medios, mangueras, lanzas y formación del personal local para la intervención, la previsión de las mejores casas -de mayor resistencia al fuego- o locales para el confinamiento, así como la previsión de evacuación, si fuere necesario, con la prioridad de ancianos, niños y otras personas vulnerables, bueno, niños pocos casi seguro, salvo en verano.
En fin Javier, haces una labor encomiable con OPRA, yo creo que me he extendido más de la cuenta. El caso es que cuando venga el agua bendita que antaño se echaba a los jugadores de futbol que recibían alguna tarascada en el campo, se volverá a olvidar todo hasta la siguiente. Ojalá me equivoque.
Mcuhas gracias, Eugenio por tus interesantes aportaciones.
Si tuviese que escribir hoy el artículo posiblemente me centraría más en las cuestiones de prevención desde la perspectiva de OPRA, que en la lucha contra incendios, pero cuando lo escribí me dedicana a eso.
Hoy hablaría del síndrome ecópata irracional de la sociedad española que provoca el disparatado incremento de la masa forestal en España alcanzando cifras récord y ya se sabe que si aumentas el combustrible los incendios serán más virulentos.
Y otros aspectos a analizar son los cambios en la sociedad, la España vaciada, los pueblos sin casi habitantes (aunque se quieran formar voluntarios no hay gente), la desaparición de los minifundios que conservaban y custodiaban el territorio, el abandono del pastoreo que ahora se quiere implantar pagando. La urbanización de zonas de turismo de temporada sin arraigo en el territorio. La fiebre de ir al monte y a la naturaleza a hacer senderismo o ciclo cross, o lo que sea, porque ya no sabemos estar quietos un mes en el mismo sitio.
En fin, vendrán las luvias y como tú dices, el año que viene todo olvidado.
Yo mayormente veo un «triste» (por no ser mal educado) oportunismo en un momento especialmente desgraciado, para básicamente querer «arrimar el ascua a su sardina».
Pretender circunscribir la prevención y extinción de los LIF, al momento en que el monte está ardiendo, obviando el tema de la gestión del patrimonio forestal es pura demagogia. Mucho más en el momento en el que el rural está cada vez más abandonado, más despoblado y más olvidado.
Muy interesante y completamente actual tu artículo, Javier. Muchas gracias.
Gracias a ti, Fernando.
Un abrazo,
Si el presupuesto que se lleva la UME se hubiera utilizado para invertirlo en Bomberos de las diferentes comunidades tendríamos la mejor protección contra incendios forestales del planeta. Se podría contratar bomberos forestales para trabajar durante todo el año, en invierno haciendo labores de prevención desbrozando, quemando y limpiando montes, y en verano dedicados a atajar cuanto antes los conatos de incendio, evitando que estos puedan convertirse en GIF.
Hola Daniel, no sé que cuentas has echado, pero me temo que el presupuesto de la UME no es el problema en materia de extinción de inciendios forestales. Según el estudio de los servicios de bomberos de España que realicé hace más de 10 años, el presupuesto de todos los servicios de bomberos españoles en 2010 era de 1.338 millones de euros y en 2025 será muy, muy superior. Estimando el presupuesto anual de la UME en unos 100 millones de euros lo que le tocaría a cada servicio de bomberos son migajas que apenas habrían supuesto una mejora sustancial.
En mi defensa de los servicios de bomberos polivalentes (como en Europa) opino que lo que nunca habria que haber creado son los servicios de bomberos forestales que tienen más dinero para proteger el campo que los bomberos convencioales para proteger personas. Eso si que habría supuesto la principal modernización de los servicios de bomberos españoles.
Un principio elemental en la gestión de emergencias es que hay que disponer de los recursos ordinarios para atender las situaciones ordinarias y que habrá que prever recursos extraordinarios para situaciones extraordinarios. Eso en los paises desarrollados se hace mediante el voluntariado de emergencias bien distribuido por el territorio. Tengamos en cuenta que en las situaciones de grandes emergencia los serviicos publico siempres estarán debordados.
Por cierto, la UME es un buen dspositivo para atender las situaciones excepcionales de todo tipo, sismos, volcanes, inundaciones, grandes incendios, etc., no solo forestales.
Ya me dirás que números has hecho tú y porque haces tal afirmación.
Saludos,
Completamente de acuerdo Javier.
Mira que en Madrid se repiten periódicamente los incendios de interfaz con daños importantes y muertes. Y nada, ni desde la autoridad de ordenación del territorio (Aytos y Cdad), ni desde la autoridad (Consejeria) de prevención de incendios forestales, ni desde la autoridad (Consejeria) de Interior (Bomberos) parecen incapaces de exigir que cada casa, cada urbanización en el monte tenga una zona limpia de 50 o más metros a su alrededor y una infraestructura de agua suficiente, con depósito propio para su autodefensa o para ayuda de los medios que acudan, y si no es así, que no autoricen, pero nada. Los responsables políticos pasan, pero las casas quedan y después pasa lo que pasa. Y mira que el actual Durector Gral de Protección Civi de la Comunidad o Viceconsejero tiene madera de bombero, que lo trate y es un tío majo, pero debe haber mucha tela (interés) que cortar por ahí, y claro después los palos para la extinción. En fin, cosas veredes amigo ….