Uno de los principales peligros durante las navidades es el uso de la pirotecnia: petardos, cohetes y fuegos artificiales. Aunque forman parte de nuestras tradiciones, conviene recordar que no dejan de ser explosivos que cada año provocan incendios, quemaduras graves, amputaciones, daños oculares y pérdidas auditivas. A ello se suman los riesgos derivados del transporte y almacenamiento irregular de estos productos, así como su venta no autorizada.
¿Es peligrosa la pirotecnia?
La pirotecnia está fabricada para explotar. No existe “explosivo bueno” o “explosivo seguro”: todos los explosivos son potencialmente peligrosos.
Entre los principales riesgos destacan:
- Quemaduras: el accidente más habitual, tanto por la explosión de artefactos como por el uso de mecheros y cerillas.
- Amputaciones: especialmente de dedos como pulgar e índice.
- Incendios: los cohetes pueden entrar en balcones, ventanas, contenedores o zonas con material combustible.
- Lesiones oculares: quemaduras y erosiones muy difíciles de tratar.
- Pérdida auditiva: el ruido intenso daña el oído, especialmente a los niños.
- Impacto en animales: muchos perros, gatos y otros animales sufren miedo extremo y desorientación.
- Contaminación: las detonaciones liberan sustancias tóxicas y metales pesados que respiramos y que acaban en suelos y aguas.
Resulta significativo que exista una normativa europea estricta y un reglamento estatal específico que regula su fabricación, transporte, almacenamiento y uso. Si hay tanta legislación, es porque el riesgo es real y elevado.
La falsa idea de usar la pirotecnia con precaución
A menudo se transmite el mensaje: “si se usa con cuidado, no pasa nada”. Sin embargo, la experiencia demuestra que incluso con precauciones los accidentes ocurren. Por eso, el consejo más eficaz es simple: La mejor prevención es no usar pirotecnia. Y, especialmente, nunca permitir que los niños jueguen con explosivos ni estén presentes mientras se manipulan.
Medidas básicas para reducir riesgos
Si aun así alguien decide utilizar pirotecnia, es fundamental:
- Evitar permanecer cerca de zonas donde se lanzan petardos y cohetes.
- Cerrar ventanas y mantenerse a distancia de las explosiones.
- Usar protección auditiva si el ruido es intenso.
- Comprar solo en establecimientos autorizados.
- No manipular explosivos bajo los efectos del alcohol o drogas.
- No usar en interiores, no fumar cerca y emplear gafas de protección.
Insistimos: la alternativa más segura es no utilizarla.
Una cuestión ética y social
Cada persona puede decidir sobre su propio riesgo, pero cuando el uso de pirotecnia puede dañar a otros como vecinos, viandantes, animales, servicios públicos, etc…, su uso deja de ser un asunto privado.
Los servicios de emergencias atienden cada año numerosos incendios, heridas y situaciones evitables. Muchos ayuntamientos ya limitan o prohíben la pirotecnia en espacios públicos por motivos de seguridad y bienestar. Ciudades europeas como Berlín y Hamburgo, Ámsterdam y Rotterdam, Varsovia, Estocolmo, Roma y Milán han adoptado medidas muy restrictivas del uso de la pirotecnia en solidaridad con el bienestar de animales domésticos.
Cambiar la mirada: de “pirotecnia” a “explosivos”
Sería más conveniente llamar a las cosas por su nombre: “Pirotecnia” suena a festivo; “Explosivos” suena a lo que realmente es: un peligro a evitar. Si no dejamos que los niños jueguen con fuego o venenos, ¿por qué permitir que jueguen con explosivos?
Conclusión: unas fiestas más seguras… también sin petardos
La prevención empieza por la conciencia individual y por compartir en familia la idea de que se trata de una costumbre peligrosa e innecesaria.
Celebremos las fiestas sin riesgo para nuestras casas, nuestra salud ni la de quienes nos rodean. Porque unas fiestas seguras no necesitan explosiones.
La mejor prevención es no usar pirotecnia.
