En la legislación española, en las directrices básicas de protección civil, los planes estatales y los planes especiales se establecen cuatro situaciones de emergencia (del 0 al 3) a las que hemos acabado llamando niveles y que se pusieron de moda a partir de la dana de Valencia abriéndose un debate público sobre si se debería declarar la situación de emergencia de interés nacional, conocida como nivel 3 de la emergencia.
Autor: Javier Larrea. Presidente del Observatorio de Prevención de Riesgos y Accidentes
Publicación: Web OPRA www.opra.info • 19 de mayo de 2025
Fases o etapas de una gran emergencia
En una gran emergencia de protección civil o catástrofe se pueden distinguir varias fases que pueden enumerarse siguiendo esta clasificación u otras muy parecidas y con estos nombres o con otros similares o equivalentes. Yo distingo estas seis fases:
- Predicción o prognosis. Resulta esencial tener mecanismos de advertencia de las principales amenazas de un territorio o población. Esta fase es la del estudio y análisis de los potenciales peligros y de la posible afectación y de cómo se van a poner en marcha todos los mecanismos de autoprotección. Es necesaria esta previsión con el máximo nivel de detalle posible de cómo se van a utilizar los recursos disponibles. E incluso hay que preparse para poder recibir ayuda exterior en caso necesario.
- Aviso o Alerta o Alarma. Es el periodo en el que se debe avisar a la población vulnerable, es decir a todas las personas que puedan ser afectadas por la amenaza en cuestión. Deben de establecerse niveles de información, para los servicios públicos, para los estamentos políticos, para los distintos niveles administrativos y para la población potencialmente afectada en particular y para toda la población en general.
- Fase de impacto o emergencia propiamente dicha en que las personas comienzan a ser afectadas por el peligro y la amenaza se concreta. Es el momento de la movilización de los servicios públicos previstos para la intervención. Es la fase de la supervivencia de las personas. La prioridad es salvar las vidas de la población.
- La intervención y reacción de todos los medios y recursos sobre el terreno para actuar en las funciones de rescate y salvamento propias de los servicios de emergencia intentando que la población resulte afectada con los menores daños posibles.
- La fase de post-emergencia en que la amenaza ya ha pasado, pero en que es necesario auxiliar a la población afectada para mantener sus elementales necesidades básicas: alojamiento, albergue, avituallamiento (agua y alimentos), vestuario, recuperación emocional, cuidados de menores y mayores, medicinas, sanidad, protección del calor o del frío, etc. Es la fase del dolor y el sufrimiento. Esta fase es muy compleja y se necesitan muchos más recursos que en las fases anteriores y es imposible prestarla sin un elevado contingente de voluntariado.
- La rehabilitación y/o vuelta a la normalidad. Consiste en restaurar la zona afectada, retornar las personas y la vida a la situación anterior a la catástrofe. Es la tarea más ardua, más laboriosa y más costosa económicamente. Cuanto menos se haya invertido en las primeras fases más habrá que gastar en esta. Esta fase es la más duradera.
¿Quién debe dirigir cada una de las fases?
Hemos vivido la tragedia de las lluvias torrenciales de Valencia (dana) con el resultado de más de 200 personas fallecidas, el mayor número de víctimas mortales de un fenómeno meteorológico adverso en la historia reciente. Y desgraciadamente, ha sido posible con la aplicación de la legislación existente. Esto quiere decir, que si no se modifica la legislación actualmente vigente, esta calamidad se podrá volver a repetir. Es el momento de reflexionar qué aspectos se pueden mejorar y cambiarlos con urgencia. ¿A qué esperamos?
La dirección de las emergencias ha de depender de la fase o etapa de la emergencia.
Aquí podemos abrir una discusión importante, pero si tuviésemos servicios públicos eficaces con personal cualificado en todos sus niveles y rangos, con conocimientos técnicos en gestión de emergencias, considero que las fases 1, 2 y 3, bien podrían ser adecuadamente gestionadas por las direcciones técnicas debiendo estar protocolizadas por el mayor número posible de indicadores objetivos. En la extinción del incendio de la catedral de Notre Dame de París bastó con la dirección operativa de Bomberos de París; no tuvo que ponerse al frente un concejal, ni el alcalde, ni el ministro del interior, por muy representativo de Francia que fuese el monumento; ni el Obispo, ni el Papa, por tratarse de una catedral católica. La emergencia la dirigió quien debía dirigirla, quien tenía conocimiento y experiencia para hacerlo.
¿Tiene que haber dirección política en las emergencias?
En las fases 4, 5 y 6, considero que se debe de contemplar la dirección política con el acompañamiento de expertos que orienten y asesoren la elección de las decisiones más eficientes. Es en estas fases en las que hay que discernir qué nivel político y administrativo es el que gestione la emergencia en función del interés general.
Y opino que no ha de establecerse un modelo de gestión antagónico, de o tú o yo, o el uno o el otro, y hay que que intentar establecer sistemas colaborativos de la gestión de las emergencias.
La vuelta a la normalidad
Una de las fases en la que menos experiencia tenemos es la de la rehabilitación y ceo que también debería ser objeto de discusión quiénes han de dirigir esa fase. Tenemos muy poca experiencia en esta fase de rehabilitación desde el punto de vista institucional pues suele hacerse sin planes previos, poco a poco, con parches, según se vayan pudiendo acometer las obras de recuperación de infraestructuras y servicios públicos. Opino que en una gran emergencia que ha producido grandes daños, un Comité de rehabilitación compuesto por Ayuntamientos, Diputaciones, Comunidad Autónoma y Estado podría desempeñar esta etapa de vuelta a la normalidad con buenos resultados.
Es un tema interesante como para tratar en otro artículo por separado.
