El primer paso en el programa de protección contra incendios consiste en que el director de la empresa, de la fábrica o de la planta, tenga presente el riesgo de que la empresa pueda desaparecer pasto de un incendio y que reconozca que un incendio es una amenaza real y constante en su empresa y que todo incendio es evitable, si se adoptan unas sencillas medidas preventivas.

Autor: Javier Larrea Cuena

Responsabilidades de la protección contra incendios en la empresa
Cada vez está más extendida la idea de que, la industria, la empresa no es solo de los empresarios, sino que pertenece a todos aquellos que trabajan o viven de ella. Por lo tanto, cuando afirmamos que la responsabilidad de la protección de la empresa corresponde al propietario y que es una obligación del propietario estamos queriendo significar en su concepto más amplio que todos los que tengan algún vínculo con la empresa o industria en cuestión están obligados a velar por el manteni­miento de la seguridad de la actividad.

Pero, una cosa es que todos tengan que cuidar de que ninguna amenaza aceche a la empresa, y otro asunto diferente es a quién le corresponde implantar o establecer o dirigir un programa de protección contra incendios.

El objetivo principal de una empresa es la obtención de beneficios. Estos beneficios pueden ser de diversa índole: económicos, científicos, sociales, estratégicos, políticos, etc. Para la obtención de cualquiera de los beneficios esperados es necesario un requisito imprescindible; que la empresa siga existiendo. Por eso, el primer objetivo que debe tener en mente el empresario, el gestor, el director gerente o el consejo de dirección ha de ser conservar su patrimonio empresarial, es decir, que la empresa no desaparezca, que se continúe la actividad productiva. Entre las causas por las cuales se piensa que una empresa puede desaparecer, casi siempre se tienen en cuenta las debidas a cuestiones económicas, como crisis del sector, falta de productividad, poca competitividad, etc; pero, casi nunca se tienen en cuenta otras causas, como la de ser víctima de un siniestro, entre los que el incendio es el más frecuente.

Pocas situaciones pueden resultar tan frustrantes para un directivo, como el sentimiento culpable de que la empresa que dirige haya cesado en su actividad, por no haber tenido en cuenta una adecuada política de conser­vación del patrimonio necesario para mantener la actividad productiva. O para un trabajador que su empresa haya desa­pare­cido o haya dejado de producir por una negligencia suya y que por culpa del incen­dio que ha provocado, él mismo y sus compa­ñeros y sus familias se encuentren sin trabajo.

Así pues, la responsabilidad primera de establecer la política empresarial de conservar los bienes de la empresa de una manera organizada es una función y una obligación de la alta dirección de la empresa.

Lamentablemente, en nuestras latitudes está asociado el hecho de sufrir un incendio con un senti­miento de fatalidad. Casi siempre, se piensa que se es víctima de la mala suerte y rara­mente se atribuye a la negli­gen­cia de los distintos niveles de dirección de la empresa; a la falta de previsión, a la carencia de medidas de protección contra incendios y a la inexistencia de una organización para la lucha contra incendios; en defini­tiva, a no disponer de un programa de protección contra incen­dios. Cuando en una visita a una industria se comentan algunos aspectos “escanda­losos” que pueden propiciar la aparición de un incendio, se suelen escuchar respuestas que a modo de justi­ficación y auto­defensa suenan así:

  • “Tenemos todos los papeles en regla. Hace poco hemos pasado la inspección de industria”.
  • “La semana pasada nos han recargado los extintores”. Como si la presencia de extintores recién recargados garantizaran por sí mismos la seguridad de las instalaciones.
  • “Aquí no hay problemas. Nunca hemos tenido ni el más mínimo incendio”. Esta es una de las peores respuestas que te pueden dar, pues presupone que la instalación está muy bien protegida. Además, debería tenerse en cuenta que, en términos estadísti­cos, cuanto más tiempo haga que hayamos padecido un incendio, más cerca estaremos de sufrir el siguiente. De la misma manera que cuando tiramos un dado, cuanto más tiradas hagamos sin que salga un determinado número más cerca estaremos de que salga.
  • “Aquí no hay peligro, no hay nada que pueda arder”. Esta afir­mación suele esconder la más absoluta ignorancia sobre los conocimientos de la reacción de la combustión y el inicio y propagación del incen­dio.

El primer paso en el programa de protección contra incendios consiste en que el director de la empresa, de la fabrica, o de la plan­ta, tenga presente el riesgo de que la empresa pueda desaparecer pasto de un incendio y que reconozca que un incen­dio es un amenaza real y constante en su empresa y que todo incendio es evitable, si se adoptan unas sencillas medidas preventivas.

El programa de protección de incendios por escrito
La mejor manera que tienen los responsables de la empresa para demostrar el interés en contar con un programa de protección de incendios es plasmar esta voluntad por escrito.

Este documento -breve- explicará que es lo que se quiere hacer y por qué. Se explicarán los beneficios que reportará: seguri­dad, protección, estabilidad en el empleo, optimización de recursos, etc. También, establecerá los objetivos más importan­tes a lograr y las tareas a desempeñar, así como la delegación de funciones en materia de seguridad. Desig­nará a la persona encargada de la ejecución del programa que deberá contar con la confianza, el máximo apoyo y acceso directo al máximo nivel de dirección de la empresa.

Para que el programa tenga éxito, no solo se necesitará que el director del programa esté apoyado, si no, que será necesario que éste y todas las personas comprometidas en el programa crean firmemente en las posibilidades de éxito del proyecto y luchen por ello. Esto, solo se conseguirá si desde el principio todos ellos han participado en el diseño del plan y se retira del mismo a aquellos que no tienen suficiente confianza en las posibilidades de este programa. Lo primero, es estar convencido de que lo que hacemos es útil y tiene sentido.

Elaborar el plan de emergencia
Si no existe, el primer paso será confeccionarlo.

El plan de emergencia para caso de incendio deberá ser tan sen­cillo como lo sea el lugar y la actividad en la que trabaja­mos.

Como ya se ha expuesto, este libro no pretende enseñar a elabo­rar el plan de emergencia, si no facilitar la implantación del mismo. Así que, partimos de la hipótesis de que el plan de emergencia ya ha sido confeccionado y que ahora nos corresponde ponerlo en práctica.

Plan de emergencia personalizado
Muchas veces, tenemos un Plan de Emergencia que indica las pautas generales de comportamiento y las misiones que, en gene­ral, han de desempeñarse en caso de incendio, pero no están asignadas específicamente a ninguna persona. Pues bien, debere­mos fijar que misiones corresponde efectuar a cada una de las personas que tienen un puesto de trabajo fijo durante la jorna­da laboral.

Lógicamente, las funciones a asignar variarán mucho en función de la actividad, pues no serán las mismas en un local ocupado solo por dos personas, que en otro local en el que pueda haber público, pero, en todo caso, han de estar asignadas a una perso­na, es decir con nombre y apellidos.

Cuestiones que pueden resultar útiles para considerar en un plan de emergencia convencional
Es habitual, en los planes de emergencia considerar los e­quipos de primera intervención -EPI-, los equipos de segunda interven­ción -ESI-, equipos de alarma y evacuación -EAE-, equipos de primeros auxilios -EPA-, y equipos de salvamento.

Responsables o Jefe de seguridad o de emergencia
Una tarea especialmente importante consiste en el nombramiento de las personas encargadas de dirigir las operaciones y al personal en las situa­ciones de emergencia y de organizar y coordinar los ejer­cicios y simulacros de alarma y evacua­ción.

Estas personas han de tener un alto grado de responsabilidad en la empresa y han de tener cierta autoridad para adoptar disposiciones que afecten a todo el personal. Deben tener una personalidad equilibrada y ser capaces de tomar decisiones en situaciones críticas.

Estos encargados deben tener las siguientes funciones:

  • Preparar los programas de formación y entrenamiento.
  • Preparar los “check list” de control de entrenamientos.
  • Participar en el control de los permisos o autorizacio­nes de “fuego”.
  • Participar en el control de mantenimiento preventivo de instalaciones.
  • Proponer, o elegir a los componentes de los distintos equipos que actuarán en el incendio.

Programa de formación y entrenamiento
Al margen, de que en función de cada riesgo, y dependiendo de las peculiaridades de cada actividad, se requieran unos conoci­mien­tos diferentes, hay una serie de temas básicos que han de formar parte de un programa de entrenamiento. En todo programa formativo de protección contra incendios se deberán enseñar las siguientes cuestiones:

  • cómo dar la alarma.
  • qué hacer al descubrir un incendio.
  • qué hacer al oír la alarma de incendio.
  • cómo llamar al Servicio de Bomberos.
  • dónde están los extintores y otros medios de protección contra incendios.
  • el recorrido de las vías de evacuación.
  • recepción del Servicio de Bomberos.
  • el salvamento de bienes.
  • finalización de la emergencia.

Un programa de formación básico para todas aquellas personas que hayan de participar como componentes de los equipos que se consideren en el plan de emergencia puede tener este contenido y reparto horario:

  1. Plan de Emergencia de la Empresa.      2 h.
  2. Tecnología de la extinción.                      3 h.
  3. Comportamiento en emergencias.         1 h.
  4. Primeros auxilios.                                      3 h.
  5. Evacuación.                                                1 h.
  6. Mantenimiento de instalaciones.            1 h.

Cómo dar la alarma
Todo el personal debe conocer la existencia y el manejo de:

  • los sistemas de detección automática, pulsadores de alarma, y trans­misión de la alarma por los teléfonos de emer­gencia.
  • cuál es la señal de alarma de evacuación; mediante tim­bres, sirenas, luces, etc.

Qué hacer al descubrir un incendio
Se deberá enseñar:

  • A dar la alarma inmediatamente adecuadamente por el sistema de transmisión de la alarma más próximo.
  • a quién se debe de notificar la existencia del incendio.
  • a notificar la localización del incendio.
  • a no correr riesgos personales.
  • a pedir ayuda.
  • a no extinguir el incendio, sin estar acompañado.
  • a intentar la extinción del incendio cuando sea de pe­que­ñas proporciones.
  • a abandonar el edificio por la vía de evacuación más próxima, si el incendio es grande.
  • a no usar los ascensores.
  • a dirigirse al punto de reunión de emergencia.
  • a cómo actuar en el caso de que se incendien las ropas.

Qué hacer al oír la alarma de incendio
Todo el personal debe conocer que:

  • se deberá abandonar el edificio siguiendo el recorrido de evacuación más próximo.
  • se deben cerrar las ventanas y las puertas.
  • se circulará en calma, con rapidez.
  • no habrá que entretenerse en recoger las pertenencias personales o de la empresa.
  • se deberá acompañar a los visitantes hasta el exterior.
  • no se deberá volver a entrar al edificio.
  • hay que dirigirse al punto de reunión.

Cómo llamar al Servicio de Bomberos
Todo el personal de la plantilla debe conocer quiénes son las personas destinadas en recepción o en la centralita telefóni­ca o cualquier otra persona responsable, encargada de la misión de llamar al Servicio Público de Bomberos en caso de incendio.

La formación de estas personas debe incluir:

  • cuándo llamar al Servicio de Bomberos; siempre, al oír la señal de alarma de incendio.
  • a qué Servicio de Bomberos hay que llamar. Hay que tener en cuenta que además del Servicio Público de Bomberos pueden existir otras Brigadas de Bomberos de Empresas, que se encuentren más próximos.
  • cómo llamar al Servicio de Bomberos; debe tener el núme­ro de teléfono a la vista, preferiblemente en una pegatina en el aparato telefónico.
  • qué información debe proporcionar:
    • nombre y dirección del edificio o instalación.
    • si hay personas desaparecidas.
    • localización del incendio.
    • tipo de incendio.
    • si hay implicadas materias peligrosas o hay riesgo de que puedan ser afectadas por el incendio.
  • a confirmar que la información suministrada ha sido bien recibida.

Dónde están los extintores y otros medios de protección contra incendios
Todo programa de formación dirigido a toda la plantilla debe incluir la siguiente información:

  • conocimientos generales sobre la clasificación de los fuegos y los agentes extintores adecuados, específicos para extinguir los incendios de cada tipo.
  • dónde están situados los extinto­res y qué agente extin­tor contienen.
  • cualquier cambio que se produzca en la dotación de ex­tin­tores, ya sea porque se susti­tuyen unos por otros dife­ren­tes o porque se retiran, o porque se instalan más que los existentes.
  • conocimientos generales sobre la existencia y detalles básicos de la forma de actuación de los equipos de protec­ción contra incendios existentes: sistemas de rocia­do­res; CO2; mezclas de gases; etc.
  • cuando sea posible, resulta extremadamente útil que toda la plantilla realice ejercicios prácticos de manejo de extintores portátiles, que permitan familiarizarse con cada tipo de extintor y con sus características.

El recorrido de las vías de evacuación
Toda la plantilla debe conocer:

  • la importancia de la puertas corta fuegos y porque deben permanecer cerradas en todo momento, excepto cuando sean puertas de cierre automático.
  • la importancia de mantener, siempre, limpias de obstruc­ciones las vías de evacuación, pasillos, escaleras y sali­das de emer­gencia.
  • cómo actuar en presencia de humo.
  • cómo resistir y esperar a que llegue ayuda cuando se está atrapado.

Cómo recibir al Servicio de Bomberos
Una vez descubierto el incendio, transmitida la alarma y avisa­do el Servicio de Bomberos, es de esperar que se presenten en unos pocos minutos. Hay que fijar quién será la persona respon­sable de esperar y atender al destacamento de Bomberos.

La persona designada deberá:

  • estar informada de “qué sucede” y “dónde sucede”.
  • se situará en el lugar de acceso del destacamento de Bombe­ros.
  • esperará la llegada del Servicio de Bomberos.
  • les recibirá informando al Mando de la situación, guián­dole hasta el lugar donde se haya producido.
  • deberá permanecer próximo a él, asesorándole sobre las carac­terísticas, procesos y riesgos de la actividad. Debe­rá facili­tarle información sobre el contenido de los loca­les o edificios, la forma de acceder, equipos propios de protec­ción contra incendios, etc.

Finalización de la emergencia
Un concepto importante que, también, se debe enseñar es que una emergencia, un incendio, tiene principio, pero, también, tiene fin. Se debe saber cuándo ha terminado la emergencia.

Desde el momento de la llegada del Servicio de Bomberos, será el Oficial o el Mando de este Servicio quien, asesorado por los técnicos de la empresa, tome el mando de las operaciones.

Así mismo, será este Oficial el que indique el fin de la emer­gencia al Jefe de Seguridad o de Emergencia, siendo este el único que debe transmitirla al personal de la empresa y dar por controlado el siniestro en su totalidad.

El salvamento de bienes
Una de la labores más importantes y más rentables que se reali­zan en caso de incendio es el salvamento de bienes, llevado a cabo por el personal de la empresa. Una vez declarado el incen­dio y puestas a salvo todas las personas, la extinción del in­cendio tiene como fin evitar que se propague el incendio evi­tando la destrucción de los bienes. Los edifi­cios solo se pueden proteger evitando que progrese el incen­dio, pero hay mu­chos materiales ligeros, máquinas, herramien­tas, o incluso mate­ria prima o productos terminados que están almace­nados que se pueden retirar del lugar del incendio o de edifi­cios próxi­mos que aún no han sido afectados. Esto puede ahorrar muchas pérdi­das, no solo, salvando del fuego, sino del agua que puede, inevitablemente, alcanzar a todo lo que se encuentre en la esce­na del incendio o en sus proximidades. Muchas veces, son más los daños producidos por la acción del agua que los produ­cidos por el fuego; aunque, de no haberse extinguido el incen­dio los daños producidos habrían sido extraordinariamente mayo­res: la destrucción total. Por esta circuns­tancia, el salvamen­to debe conti­nuar inmedia­tamente finalizado el incendio proce­dien­do al retirando el agua de edificios y locales, y secando la humedad de ma­quinaria, materias primas y productos manufac­tura­dos.

Conservación de documentos
En toda empresa existen documentos originales, cuya pérdida causaría graves trastornos administrativos, como pueden ser:

  • Escrituras de propiedad.
  • Contratos de suministro o de producción.
  • Contratos de compra de material y equipos.
  • Contratos del personal.
  • Cuentas de explotación, balances.
  • Listado de clientes, de proveedores.
  • Desarrollos industriales.
  • Declaraciones de Hacienda, de impuestos, de beneficios, etc.
  • Pólizas de seguros, etc.

Hay que tener en cuenta que, en caso de incendio, toda esta documentación puede resultar destruida o cuanto menos, deterio­rada, por lo que en el programa de protección contra incendios hay que prever un sistema de duplicado o copia de toda esta documenta­ción importante e imprescindible, e incluso de conser­vación de los documentos en cajas o armarios especiales para que no puedan ser atacados por los incendios.

La autorización de “Fuego”
Ya sabemos que uno de los elementos necesarios para que se produzca un incendio es la Energía de Activación. En la mayoría de los casos, esta energía “calor”, suele estar presente en la industria como uno de los elementos imprescindibles de los propios procesos productivos, pero otras veces, suele aparecer de forma accidental, fruto de descuidos o despistes en la utilización de equipos de llama abierta como sopletes, candilejas, o soldadores. Para controlar la utilización de estos equipos de forma indiscriminada en las instalaciones de la empresa es conveniente establecer un sistema de “permiso” o “autorización” necesario para poder utilizar estos equipos que muchas veces se manejan por operarios ajenos a la propia empresa cuando han de proceder al montaje o reparación de maquinaria o instalaciones.

La autorización de “fuego” ha de ser firmada por una única persona, directivo o encargado de la empresa conocedor de la zona en la que se va a realizar el trabajo, y ha de ser válida para un trabajo específico, y para un solo día. La ficha o tarjeta de autorización se deberá devolver al firmante de la autorización al finalizar la jornada de trabajo y al final el trabajo autorizado.

Es recomendable adoptar algunas medidas de protección contra incen­dios durante la realización de estas tareas como la colocación de extintores portátiles y de mangueras preparadas en las proximida­des.

Prohibición de fumar
Muchos incendios son producidos por el descuido de los fumadores. El hábito de fumar y la presencia de cigarrillos conlleva un riesgo de incendio y por ello habrá que tener en cuenta en que zonas se ha de establecer la prohibición de fumar. Las razones de la prohibición de fumar han de explicarse muy bien a los fumadores. Las áreas prohibidas han de respetarse rigurosamente y la prohibición ha de señalizarse de forma clara. También pueden señalizarse las zonas en las que está permitido fumar.

PREGUNTAS
Cuando esté seguro de que su empresa o industria está bien protegida del riesgo de incendio considere las siguientes cues­tiones -preguntas- y respóndaselas a Vd. mismo con sinceridad.

  1. ¿Puede identificar los riesgos potenciales de incendio en los locales -edificios- de su empresa y en los procesos -acti­vidad- que desarrolla?
  2. ¿Sabe Vd. lo que hay en sus instalaciones en todo momento?
  3. ¿Tiene Vd. un plan para actuación del personal en caso de incendio, en su empresa?
  4. ¿Ha contrastado y discutido su plan de emergencia en caso de incendio con el Servicio Público de Bomberos de su zona?
  5. ¿Está seguro de que su empresa está diseñada y construida conforme a las normas de seguridad vigentes?
  6. ¿Está todo el personal de la plantilla suficientemente cuali­ficado para manejarse con los problemas que se puedan encon­trar?
  7. ¿Están suficientemente formados y entrenados?
  8. ¿Ha hecho todo lo posible para que su empresa no sufra un incendio?

Si después de este auto-test descubre Vd. que su empresa no está todo lo bien preparada que debiera para que Vd. se sienta tranquilo, acaba de dar el primer paso en el programa de protección contra incendios; que es darse cuenta de su vulnerabilidad.

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